CINE / El cuarto Protocolo.
La “Perestroika” Nuclear de Mijhail Gorbachov
12 mayo 2011

Cuando el 16 de julio de 1945 los 19 kilotones de plutonio iluminaron y devastaron la zona de Alamogordo, en Nuevo México, la historia de la Humanidad dio un giro definitivo. El experimento Trinity, culminación del proyecto Manhattan, que debía desarrollar la bomba atómica, resultó un éxito. Sus resultados pronto se dejaron notar con las bombas Little Boy y Fat Man lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, menos de un mes después.

Fue el fin de la II Guerra Mundial, y el principio de la era atómica. Pronto la URSS consiguió resultados parecidos con la prueba de la RDS-1, el 22 de agosto de 1949; en ese momento, la denominada Guerra Fría adquirió todo su sentido: una confrontación directa entre ambos bloques significaba la devastadora guerra nuclear, por lo que la hegemonía de cada potencia se trasladó a conflictos satélite, destinados a ganar influencia en el resto del mundo.

La tensión nuclear enfrió, paradójicamente, la guerra total, mientras mantenía en vilo a toda la Humanidad con el precario equilibrio de la amenaza, siempre en el filo, especialmente durante la crisis de los misiles de Cuba, en octubre de 1962. Sin embargo, la última bomba que se lanzó con fines militares fue la de Nagasaki, en 1945, y el primer desastre nuclear no ocurrió hasta 1986, en forma de accidente, tras la explosión de uno de los reactores de la central soviética de Chernobyl que servía para abastecer de energía a la paupérrima Ucrania –el segundo, en Fukushima, es aún de triste actualidad–.

El hongo nuclear de Little Boy, en Hiroshima.

Para entonces la balanza se inclinaba cada vez más del lado de los EE UU, la economía comunista se venía abajo y las voces disidentes dentro de la URSS comenzaban a aflorar. La época dorada del espionaje, de la psicosis colectiva en uno y otro lado, de las cábalas de desastre nuclear fueron poco a poco cayendo en el olvido hasta el accidente de Chernobyl.

Con la llegada de Mijail Gorbachov a la Secretaría General del Partido Comunista en 1985 comenzó el período final de la URSS. Primero la Glasnost y luego la Perestroika, dejaron en evidencia la supuesta imagen de igualdad entre los dos bloques. La cada vez mayor transparencia política –Glasnost– y las medidas de reconstrucción económica –Perestroika–.

Todo elllo evidenciaba para el resto del mundo el anuncio de una derrota social, propagandística y económica al menos: la URSS sería un enemigo temible por su arsenal nuclear, pero la unión de sus repúblicas socialistas no era un verdadero rival del bloque occidental liderado por los EE UU.

El desastre de Chernobyl no vino sino a acentuar aún más la sensación de un régimen que se caía a pedazos y cuyos últimos coletazos podían ser letales. Antes, el 19 de noviembre de 1985, Gorbachov se reunió con Ronald Reagan en Ginebra para abordar un acercamiento en torno a la carrera armamentística. Gorbachov avanzaba de esta forma no sólo en el lavado de cara doméstico de la URSS, sino en la, hasta ese momento inamovible, política de confrontación con el enemigo.

Aunque aún distante, el camino hacia la paz se hacía cada vez más posible. Poco más de un año después, en febrero de 1986, Gorbachov propuso la eliminación de los misiles de alcance medio en Europa y Asia.

Central de Chernobyl. El sarcófago de hormigón que se instaló para evitar la radioactividad comenzó a resquebrajarse en xxx.

El fin de la guerra fría. Ese año, en octubre, ambos dirigentes llegaron al compromiso de eliminar dichas cabezas nucleares, que alcanzaban un rango aproximado de 500 Km y que básicamente amenazaban a los países de Europa Occidental y a la propia URSS. Entre medias –abril– había ocurrido el accidente de Chernobyl, que acentuaba los riesgos y calamidades del peligro nuclear, ya que la nube radiactiva de la fuga incontrolada del reactor de la central había alcanzado, aunque con mucha menos magnitud, algunos puntos de la Europa Occidental como Alemania o Suecia.

La Guerra Fría llegaba a su fin: el 7 de diciembre de 1987 se firmaba definitivamente en la Casa Blanca el tratado entre los EE EU y la URSS de eliminación de misiles nucleares de corto y medio alcance. La era de los espías, los dobles agentes, los temidos topos en los servicios de inteligencia británicos, estadounidenses y soviéticos también empezaban a palidecer y con todo ello el subgénero literario y cinematográfico que había brindado obras maestras.

El factor Humano, de Graham _Greene (1978); El espía que surgió del frío, de John le Carré –y su versión en la pantalla de 1965–, además de su serie de novelas sobre George Smiley –El topo (1974) El honorable colegial (1977)– o la serie sobre el espía Harry Palmer, del escritor británico Len Deighton, que interpretaría en el cine Michael Caine –Ipcress File (1965), Funeral en Berlín (1966) El cerebro de un billón de dólares (1967)–.

A diferencia del superespía James Bond, creado por Ian Fleming, sus protagonistas nadaban en la ambigüedad, sus tramas resultaban más complejas y humanas que efectistas y apenas se podía decir que ganaran los buenos, en cuanto era difícil averiguar quiénes eran. El propio Michael Caine, que nunca acabó de desprenderse de su imagen de analista y espía british, produjo la novela de Frederick Forsythe El cuarto protocolo (1986), obra crespuscular junto a La Casa Rusia y La caza del octubre rojo (1990) del fin de una era que había embelesado a los lectores.

Forsythe avanzaba la etapa que también sería prolífica en el género: el peligro del desmoronamiento de la potencia nuclear. Al estar la URSS acechada por políticos del ala dura, viejas glorias de la KGB y generales disgustados con el nuevo rumbo podían provocar un descalabro por su cuenta, aprovechando la descomposición general en la que se encontraba el bloque comunista y que culminaría en 1989.

El cuarto protocolo, de Forsythe, aludía a un teórico compromiso secreto entre los EE UU y la URSS de no usar nunca armas nucleares que no fueran por medios convencionales como los misiles y las bombas; es decir, no introducirlas de forma su_brepticia. El fin de la Guerra Fría obligaba a sus detractores a provocarla de nuevo, obviando el protocolo. El intenso suspense atrapa con la sensación de un peligro real, que no hizo si no trasladarse temporalmente de las ruinas de la URSS al emergente terrorismo.

Una Respuesta a “La “Perestroika” Nuclear de Mijhail Gorbachov”

  1. Muy buena peli. Me encantan las de espíasn y michael Caine es un clásico. Recomiendo para el tema de espías la serie de AMC Rubicon.

    Un saludo!

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