|
Entrevista
Rafael Torres: “En 1931, la línea entre vivir y morirse era difusa para muchos” |
12 abril 2012 |
En vísperas de la celebración del 81º Aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, Rafael Torres (Madrid, 1955) ha presentado en Madrid su último libro: 1931. Biografía de un año (La Esfera de los Libros), un volumen que complementa su serie sobre la Guerra Civil y sus consecuencias. La obra, en palabras de su autor, intenta contar, “con un periódico como lazarillo de la mano, la intrahistoria de España y los españoles en 1931, antes y después de la proclamación de la II República”.
P. En el libro, dice usted que los años “son criaturas vivas”. ¿Está vivo aún 1931 en España?
R. Pues así lo acordamos. Los años nacen el 1 de enero y mueren el 31 de diciembre. La memoria, sin embargo, otorga una suerte de pequeña inmortalidad, y 1931 está y estará, por lo que significó, en la memoria. A reforzar ese recuerdo viene “1931.Biografía de un año”.
P. También comenta que 1931 transportó al país, en apenas 365 días, de la Edad Media al futuro. ¿Demasiada rapidez para los españoles de entonces?
R. Demasiada, sin duda. El país no difirió gran cosa, en lo profundo, de un cabo al otro del año. Políticamente, sin embargo, viajó a la velocidad de la luz.
P. La “explosión de libertad” que trajo consigo la Segunda República dejó intacto, sin embargo, el “aparato atávico y ancestral” del imaginario y costumbres de la sociedad. ¿Qué falló para que la Historia hubiera sido distinta?
R. Que los detentadores de los privilegios supuestamente amenazados por la República colaboraran en el gran empeño nacional y no provocaran la carnicería de la Guerra.
P. ¿Cómo era la vida un español medio de 1931?
R. Tras el 14 de Abril, menos triste, más libre, dinámica y esperanzada. En lo material, sacudida por la espantosa crisis económica internacional surgida al rebufo del “crack” del 29.
P. Destaca el fenómeno de los suicidas: de tres a cuatro diarios, a lo largo de todo aquel 1931. ¿Por qué?
R. Para muchos, la línea entre vivir y morirse era difusa. La gente se mataba por no poder alimentar a los hijos, por enfermedad incurable, por desamparo, por tribulaciones amorosas… Pero no era tabú, como ahora, la información periodística de los suicidios. La República, mejorando la vida material y moral de las personas, evitó seguramente muchos.
P. También llama la atención sobre la avalancha de niños desatendidos, fallecidos en accidentes y explotados laboralmente.
R. La situación de los niños era calamitosa: abandono, expliotación laboral, desescolarización, maltrato… Las autoridades republicanas se enfrentaron a ella y se crearon, aparte de 15.000 escuelas públicas, colonias infantiles de verano, dispensarios pediátricos, centros de acogida…
P. La prensa de la época es un tesoro… ¿Qué es lo que más le ha cautivado de aquellos diarios?
R. La inocencia y el intento de búsqueda de la verdad que aún se percibía en bastantes de ellos.
P. Además del periódico “Ahora”, ¿ha utilizado otros materiales hemerográficos? ¿Qué fue de “Ahora”?
R. Desapareció, como tantas y tantas otras cosas, con la Guerra.
Óscar MEDEL
oscar.medel@elmundo.es














“La República, mejorando la vida material y moral de las personas, evitó seguramente muchos (suicidios)”, dice el autor del libro, y digo yo (tan opinador como él), que, si así se justifica, digo, mejorando la vida material y moral de las personas, todos los sucesos sangrientos, de destrucción, de pisoteo de la ley (incluso de la ley moral) y de todas las tropelías que se padecieron entonces, son consecuencias de la república.- No señor, eso no es así; yo también soy republicano, pero no de esa república asesina a la que analiza sacando esas consecuencias, por lo que no compraré el libro porque lo considero ya tendencioso, manipulador y, en suma, que no se atiene a la verdad.
“La República, mejorando la vida material y moral de las personas, evitó seguramente muchos (suicidios)”, dice el autor del libro, y con el mismo argumento, un otro contrario a la república, podía haber dicho exactamente lo contrario, o sea que la república, empeorando la vida material y moral de las personas propició seguramente muchos suicidios, ¿¡o no!?