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Hacer la revolución o ganar la guerra
Fin de los “sucesos de mayo” en Barcelona |
6 mayo 2012 |
El Gobierno central republicano se ve obligado a intervenir, el 6 de mayo de 1937, para frenar los enfrentamientos armados de grupos de izquierda de diversas tendencias ideológicas que, desde el día 3, tienen lugar en Barcelona. En esa fecha, había estallado en la ciudad la tensión latente entre comunistas y anarquistas, motivada por su respectiva visión de la línea política que debían mantener las autoridades republicanas durante la Guerra Civil.
Mientras para los anarquistas, y también para los comunistas trotskistas del POUM, tenía que prevalecer sobre todo la revolución social, para los comunistas del PCE de obediencia estalinista, al igual que para otras fuerzas republicanas, era necesario anteponer a la revolución una organización militar que permitiera primero ganar la guerra al bando sublevado.
La chispa desencadenante había sido la toma por las fuerzas del Gobierno de la Generalitat del edificio de la Telefónica, situado en la Plaza de Cataluña y hasta entonces bajo el control de la CNT. Esta intervención provocó un choque armado con los sindicalistas que pronto se difundió por toda la ciudad con tiroteos y barricadas. Cientos de muertos y heridos, así como numerosos detenidos, fueron el balance de estos sucesos, que han pasado a la historia como “els Fets de Maig” y que supusieron un punto de inflexión en la política republicana, con el apartamiento de los anarquistas del gobierno y la culpabilizadión del POUM, utilizado como chivo expiatorio de lo sucedido.
Un día después de la intervención gubernametal, el 7 de mayo, el consejero de la Generalitat Rafael Vidiella (PCE) se dirigió por radio a la población, insistiendo en la necesidad de que el proletariado cesara en la lucha en pro de la unidad y fraternidad de todos “para que Cataluña siga siendo un firme baluarte de la lucha contra el fascismo” e insistió, asimismo, en que los obreros se reitegraran al trabajo en las fábricas pues “el frente necesita material de guerra de todas clases”.
También ese mismo día la ministra de Sanidad Federica Montseny (CNT), insistía en que, tras el fin de las hostilidades, cesaran “los odios y toda clase de represalias” y consideraba “una verguenza para los catalanes que el Gobierno central haya tenido que hacerse cargo del orden público, porque no hemos sabido organizarnlo y cada uno ha procurado crear una fuerza para su partido”.
Poco tiempo después se comprobarían las consecuencias políticas de los graves incidentes: el 17 de mayo dimitía de la jefatura del gobierno al socialista Francisco Largo Caballero, al negarse a arrestar a la dirección del POUM como pedían los comunistas. El presidente Manuel Azaña encargó a otro socialista, el médico y científico Juan Negrín, que formó un nuevo gabinete sin presencia de ministros anarquistas y en el que Indalecio Prieto se hacía cargo de la cartera de Defensa. Asimismo, el gobierno de la Generalitat, presidido por Lluís Companys, saldría debilitado en sus competencias frente al ejecutivo central.
Finalmente, el 15 de junio, el Gobierno republicano decretaría la disolución del POUM y la detención de sus dirigentes, acusados por los comunistas de espionaje y colaboracionismo con el enemigo y de ser los responsables de lo ocurrido en Barcelona durante la primera semana de mayo.
En la historia de la II República y de la Guerra Civil española los sucesos de mayo de 1937 y sus consecuencias constituyen un episodio muy significativo que sigue originando controversias y ha dado lugar a una amplia bibliografía.













