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8 junio 2012 |
La Grecia clásica sintió un gran respeto por la antigüedad y sabiduría de la cultura egipcia, a la que consideraba el origen de la civilización. Algo que se ve, por ejemplo, en sus primeras estatuas de gran tamaño, las korai y los kouroi, que no son sino interpretaciones de la típica estatua egipcia con el pie derecho adelantado (el izquierdo en las griegas).
Por este motivo, viajar al valle del Nilo se convirtió en parte de la formación intelectual de muchos ciudadanos helenos. Durante el Reino Nuevo la presencia de mercenarios en las filas del ejército egipcio se había convertido en algo habitual.
Pero no fue hasta el reinado de Amasis cuando se concedió a los griegos que acudían a Egipto el privilegio de levantar una ciudad propia, Náucratis, con altares y recintos consagrados a sus dioses.
En el número de junio de La Aventura de la Historia, José Miguel Parra explica los motivos prácticos que llevaron al faraón a dar este paso y relata la evolución y misteriosa desaparición de la ciudad, que alcanzó gran importancia comercial, así como su descubrimiento moderno por W. M. F. Petrie, uno de los padres fundadores de la Egiptología.














