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Exponente del despotismo ilustrado, Federico II (Berlín, 1712-Potsdam, 1786) fue rey de Prusia durante casi medio siglo (1740-1786), introduciendo cambios importantes en la sociedad de su época: entre otros, impulsó la codificación del derecho prusiano, que incluía la abolición de la tortura y la independencia del poder judicial.
Impulsor del desarrollo industrial, la expansión territorial y el dominio militar de Prusia, su anexión de Silesia a costa de Austria desencadenaría la Guerra de Sucesión austríaca (1740-1748) en un enfrentamiento con su eterno enemigo que degeneró años después en la Guerra de los siete años (1756-1763).
Amigo de grandes figuras de la cultura de su tiempo, como Voltaire -con el que convivió en Prusia y que se dedicaría a difamarle más tarde en París- y Bach, su vida privada está plagada de claroscuros. De hecho, fue condenado a presenciar la decapitación de su supuesto amante, el teniente Hans Hermann von Katte, llegó a perder e incluso cumplió dos años de prisión entre 1730 y 1732.
Recuperados sus privilegios dinásticos por su matrimonio -obligado por su padre- con Isabel Cristina de Brunswick -Bevern -a la que desterró una vez accedió al trono-, Federico II inició una ardua tarea como administrador de su país que no le impidió ejercitarse como músico y escritor.
De hecho, llegó a escribir treinta volúmenes literarios, publicados entre 1846 y 1857, entre ellos, Historia de mi tiempo y Anti-Maquiavelo, en el que se insta a los gobernantes a pertrecharse de una fuerte envergadura moral. Héroe nacional durante el Imperio alemán y símbolo germánico de la Alemania nazi, los vaivenes de la Historia hicieron que su figura cayera en desgracia tras la II Guerra Mundial.











