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Descubridor de la llamada aberración de la luz, James Bradley (Sherborne-Chalford, Gloucestershire, 1693-1762) se formó en Oxford y bajo la tutela de de su tío, James Pound, reputado astrónomo a su vez. Ordenado vicario en Bridstow en 1719, colgaría los hábitos dos años después para profundizar en sus estudios de Astronomía al tiempo que da clases de Filosofía en la Universidad de Oxford.
Unos estudios que le llevaron a descubrir la diferencia entre la posición observada de una estrella y su posición real debido a la combinación de la velocidad del observador y de la velocidad de la luz. Una velocidad, esta última, que, según sus cálculos, se aproximaba a los 283.000 kilómetros por segundo, muy ajustada a la que más tarde se desmostraría la velocidad real.
Igualmente, hizo notar que las oscilaciones de ciertas estrellas parecían ser erráticas, como si el eje de la Tierra se balanceará de forma periódica. Una comprobación que tardaría casi veinte años en realizar en su concienzudo estudio de la Luna, responsable de ese cabeceo terráqueo.
Designado como astrónomo real en 1742, su prestigio científico le avaló para comprar instrumental astronómico costosísimo para la época, con el que pudo efectuar mediciones de inestimable valor para la época, llevadas a cabo en Greenwich. Mediciones que se verían confirmadas sistemáticamente en estudios posteriores, si bien vieron retrasada su publicación por la disputa de su propiedad intelectual. Una publicación que finalmente vería la luz en la editorial Clarendon Press, Oxford, en dos volúmenes, en 1798 y 1805.











