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“Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala soy mejor”. Con frases como ésta se puede pasar a la historia del cine, pero si encima no te tomas en serio como el tipo de mujer fatal que te acabas de inventar, la cosa puede ser incluso divertida. Zafia, gruesa, dotada de un humor irreverente y provocativo, transgesora por su estética y sexualidad desinhibida, Mary Jane West (Nueva York, 1892-Hollywood, 1980) se convirtió en el prototipo de mujer fatal de los años treinta, versión chabacana.
Su carerra comenzó en Broadway, donde estrena Diamond Lil (1928), una obra que le facilitaría el pasaporte a Hollywood, donde, en 1932, debuta con el taquillazo Noche tras noche (L. McCarey, 1932). Un año después, estrenaría Lady Lou, la adaptación cinematográfica de Diamond Lil, junto a un novato Cary Grant.
Los treinta fueron sus años dorados en Hollywood, una década en la que trabajó a las órdenes de directores como Leo McCarey, Henry Hathaway o Raoul Walsh. Pero sus diálogos irreverentes -que se escribía ella misma- le generaban constantes conflictos con el código de censura, por lo que pronto deriva su carrera hacia el teatro, siempre más permisivo para ese estilo de películas.
Aún así, aún estrenaría un par de películas más en los años cuarenta y dos más en los 70, una de ellas, Sextette (1978), con su propio guión y con Rachel Welch como protagonista. Falleció a causa de una embolia cerebral en 1980 y está enterrada en Brooklyn, en la cripta familiar.











