El olvidado papel femenino en la conquista de América
El Museo Naval de Madrid prorroga la exposición que explora el rol de la mujer en la colonización de América y lo celebra con una conferencia sobre una de sus protagonistas, Mencía Calderón, líder de una expedición de 50 mujeres que atravesó en el siglo XVI 1.550 km de selva
25 septiembre 2012
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No fueron solos. Mujeres en la conquista y colonización de América, la exposición del Museo Naval que explora la presencia y participación activa de la mujer en la conformación del Nuevo Mundo se prorrogará hasta el 30 de diciembre debido al éxito del que ha disfrutado desde que se abriera el pasado mayo, según  los organizadores. Para celebralo, además, se ha proyectado una conferencia este viernes 28 de septiembre, que analiza la figura de Mencía Calderón, a cargo de la escritora Elvira Menéndez y que coincide con la Semana Naval que organiza la Armada en Madrid.

Mencía Calderón, una de las protagonistas que se estudia en la muestra, lideró en el siglo XVI una expedición formada por 50 mujeres que atravesaron 1.600 kilómetros de selva en una épica travesía de más de seis años de duración. La exitosa exposición es además un recorrido por un momento crucial de la historia de España y América que repasa en cuatro apartados los puntos de inflexión del beligerante encuentro entre dos culturas: la intervención de Isabel la Católica para echar por tierra el escepticismo de la Corte respecto al viaje de Colón; la travesía a las Indias y la colisión de dos mundos; el mestizaje y el papel desempeñado por la mujer en la creación del tejido social y económico del Nuevo Mundo; y la cimentación de un legado sociocultural que llega hasta nuestros Mas.

E imbricados en esas coordenadas, los perfiles biográficos de mujeres -políticas, guerreras, militares, comerciantes- tan interesantes como desconocidas. Entre ellas, María de Toledo, virreina de las Indias Occidentales; Beatriz de la Cueva, gobernadora de Guatemala y de los virreinatos; Mencía Calderón, que atravesó 1.600 kilómetros de selva amazónica al frente de 50 mujeres; o Isabel Barreto, la primera -y única- almirante de la Armada, líder de una expedición por el Pacífico que es considerada la travesía mas larga por ese océano hasta entonces.

Heroínas que se desprenden de las cifras oficiales de la época: siglo XVI, momento en el que hay constancia de un número de 45.327 viajeros, de los que 10.118 eran mujeres de procedencia andaluza (50%), castellana (33%) y extremeña (16%). Entre ellas, María Escobar, que introdujo el trigo en América, o Mencía Ortiz, creadora de una compañía de transporte de mercancías en Indias. Viajeras entre las que también se cuenta Inés Suárez, correligionaria de Pedro de Valdivia en la conquista de Chile, con el que cruzó el desierto de Atacama y participó en la defensa de Santiago; María de Estrada, miembro de la expedición de Hernán Cortés en México; Beatriz Bermúdez de Velasco, soldado en la conquista de Tenochtitlán, obligando, espada en mano, a volver a la batalla a los españoles que se rendían; o Catalina de Erauso, que abandonó un convento en España para viajar al Nuevo Mundo y combatir como soldado de infantería en los reinos de Chile y Perú.

Mujeres, todas ellas, que iniciaron un viaje a las Américas en condiciones tan lamentables como el varón: en naos y galeones en los que cualquier rincón valía para dormir entre crujientes maderas plagadas de ratas y chinches. Un viaje que, desde el punto de vista social, en cambio, podía suponer un escape del vigilado rol tutelado que padecían en España con respecto al varón.

La exposición, que reúne un notable conjunto de objetos de uso cotidiano, ilustra el estilo de vida de una sociedad novohispana en plena conformació, donde no sólo vivían las mujeres españolas llegadas a América, sino las indias con las que se casaron o amancebaron los españoles, y las criollas, que desempeñaron un papel decisivo en la conservación de las tradiciones y en la consolidación del modelo de vida familiar que dio origen a la sociedad hispano-criolla.

Objetos entre los que el visitante puede encontrarse bellas piezas de madera, como una arqueta de ébano, hueso y nogal de principios del siglo XVI; una rueca de finales de ese mismo siglo; un escritorio mexicano de cedro y hierro y una farmacia de viaje, ambos del XVII, y el mascarón de proa de la fragata Diana, que representa un ideal de mujer a caballo de la mitología clásica y la mujer nativa, característico de este tipo de piezas.

Una colección de objetos que incluye igualmente prendas de vestir y adornos femeninos, como un jubón de seda, lino y cordoncillo (1580-1620), una casaca o peto de seda, lino y algodón (1760) y una camisa femenina o huipil maya, blusa indígena por excelencia desde la época prehispánica hasta la actualidad.

Entre las joyas y complementos expuestos, se exhibe un precioso pinjante de oro, esmalte y perla berrueca en forma de rana (hacia 1500), cuya suntuosidad contrasta con la depuración de un tupu inca de cobre y  bronce (1400-1533), alfiler femenino de origen andino usado también en las figuras votivas como adorno del cabello o para sujetar el manto. Un ornamento, muy apreciado en su época, exquisitamente decorado y que marcaba a el estatus de su portadora dentro de la estricta jerarquía de la sociedad colonial.

Igualmente riquísimo es el estribo femenino de plata y piedra semipreciosa procedente del virreinato del Perú (s. XVIII), profusamente labrado, y que venía a expresar el poderío social de las mujeres criollas, que utilizaban lujosos objetos en sus actividades recreativas, en este caso, para la equitación. Objetos entre los que cabría incluir igualmente las despabiladeras de plata (s. XVI), una especie de tijeras para cortar el pábilo de las velas, y que, de nuevo, ilustran el interés de la sociedad colonial por rodearse de elementos ornamentales y prácticos que expresen su poder económico. Un interés que transformaba cualquier objeto banal en una obra de arte.

Y como contexto histórico de tanto objeto bello, otra joya de la exposición: la primera obra cartográfica que representa el continente americano, obra de Juan de la Cosa (1500), y que plasma los descubrimientos geográficos realizados entre 1492 y finales de 1500, con la intención de mostrárselos a los Reyes Católicos.

Un mapa sobre el que haría penetrar sus hondas raíces el mosaico racial y cultural de la nueva sociedad hispana. Un sistema social en el que los criollos, dueños y herederos legítimos de la Nueva España, hacían valer sus privilegios frente a los indios y mestizos, si bien estaban en clara desventaja, a su vez, frente a los españoles de la metrópoli. Complejidades y contradicciones de un sistema que se expresaría igualmente en el papel social de la mujer de la época a través de los sueños y objetos que manejó en su salto al Nuevo Mundo y tras el encontronazo de dos culturas tan dispares.

Ana GARCÍA PIÑÁN

ana.garcia@elmundo.es

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Una Respuesta a “El olvidado papel femenino en la conquista de América”

  1. hello estupido

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