Hitler creía que su Tercer Reich iba a durar mil años, y que los arios merecían el espacio vital ocupado por razas inferiores; tal era su megalomanía que llegó a ordenar a su Estado Mayor que organizara proyectos imposibles, sin importar que hubiera un mar de por medio entre sus panzers y el enemigo. Un dossier que contiene información sobre los planes nazis de invadir Irlanda, -conocida como Operación Verde-, y titulado Militar geographische Angaben uber Irland, ha salido ahora a la luz.

Los documentos consisten en mapas detallados y postales del país y habían sido guardados por una familia desde el final de la guerra hasta hace unos días, cuando la Ludow Race Court anunció su salida a subasta.  Se han vendido por 3.000 euros, casi cuatro veces su precio de salida, tal y como recogen numeroso medios brtánicos. El Dossier revela que, aunque Irlanda fue oficialmente neutral durante el conflicto, Hitler contempló al país como objeto de invasión.

Aunque los irlandeses dejaron a los U-boots, submarinos alemanes, entrar en sus aguas, el libreto marca en el mapa ciudades y puntos estratégicos del País del Arpa para su destrucción. El documento, entregado a altos oficiales nazis, también incluye puntos clave como puertos, terrenos altos y playas; que el  Oberkommando der Wehrmacht consideraba de importancia a la hora de la invasión.

Según Michael Kerrigan en Planes fracasados de la II Guerra Mundial, fue el mariscal de campo Theodor von Bock quien presentó el plan en agosto de 1940, unas semanas después de que se propusiera para su debate Operación León Marino. Los preparativos fueron minuciosos. Un grupo de agentes examinó a fondo todos los elementos, desde los diarios de economía hasta las guías turisticas, y reunió anotaciones sobre más de 200 ciudades y poblaciones. Se calculaba que harían falta 50.000 hombres para doblegar a Irlanda, y desembarcar entre Dunvargan y Waterford. El almirante Raeder, que la revisó, aseguró que era imposible de realizar, y finalmente Hitler no concedió la autorización para llevarla a cabo.

Eamon de Valera, presidente de Irlanda, firme defensor de la neutralidad.

Los irlandeses declararon su neutralidad al estallar la guerra, con la determinación feroz de conservar su soberanía y de que los británicos no recuperaran los tres puertos de Lough Swilly, Bearehaven y Cobh que hasta hace poco aún conservaban, en virtud del tratado anglo-irlandés. El presidente Eamon de Valera tenía que estar con un ojo puesto tanto en sus vecinos como en los planes de anexión de Hitler.

En junio de 1940 la Luftwaffe, la aviación alemana, bombardeaba duramente Londres y otros objetivos estratégicos ingleses a su alcance desde Francia. Era el primer paso para otro fallido plan de invasión, la Operación Leon Marino. En ese momento crucial se le llegó a plantear a Valera que a cambio de abandonar la neutralidad, se les devolvería Irlanda del Norte, a lo que el presidente declinó.

Aún a pesar de la oferta, Valera pensaba que era más posible una intervención inglesa que una alemana, a tenor de las palabras despectivas de Churchill sobre ellos, “the so-called neutrality of the so-called Eire” (la por-así-decirlo neutralidad de la por-así-llamada Irlanda).

Si hubiesen sabido de los planes de Hitler recién desvelados, un apéndice de la Operación León Marino, seguramente hubiesen actuado de otra forma. Irlanda era un país incapaz de defenderse a si mismo, sin marina y sin aviación. Como el poeta Patrick Kavanagh admitía, “tendríamos difícil defender nuestros campos de patatas hasta de una invasión de cuervos”.

Al final Irlanda mantuvo una neutralidad benevolente con Reino Unido y pusieron en común planes de contingencia que les permitieran rechazar a Hitler si se atrevía a cruzar el Canal de la Mancha. Además se liberó a los pilotos británicos que caían en su territorio si aseguraban no estar en misión de combate, se mandaron informes detallados de la climatología todos los días de la guerra (un informe del condado de Meagh fue clave para que Eisenhower no pospusiera el Día D), las células de espías nazis fueron desactivadas, y se dio cobijo a más de 2.000 mujeres y niños del país vecino.

Eamon de Valera se sirvió del Estado de Emergencia, desde el mismo 2 de septiembre de 1939, para defender esa neutralidad parcial. Internó a sospechosos de pertenecer al IRA (Irish republican army) que coqueteaban con el Abwehr, el servicio de inteligencia alemán; censuró a la prensa, e impidió que el país se convirtiera en sede de los agentes secretos de medio mundo. Para que su imparcialidad fuese patente mantuvo abiertas las embajadas de Alemania y Japón. En el país todavía se respiraba cierto sentimiento antibritánico, pero la mayoría de la población no simpatizaba con el fascismo, excepto los camisas azules de O´Duffy. A lo largo de la guerra unos 43.000 irlandeses sirvieron en las fuerzas armadas británicas.

Con el Plan Félix, Hitler pretendía conquistar Gibraltar y convertirse en el amo del Mediterráneo.

A parte de los planes teóricos de conquista, dos situaciones puntuales afectaron trágicamente a la neutralidad del país. Belfast, en irlanda del Norte, era parte de Reino Unido, y por tanto estaba en guerra. Un bombardeo estratégico nazi de 180 aviones en abril de 1940 destrozó esta ciudad sin defensa aérea, cobrándose la vida de 1.000 personas y destrozando 56.000 casas. Valera pronunció su famoso discurso de “ellos son nuestro pueblo” y protestó formalmente a Berlín.

El segundo episodio fue un bombardeo alemán que en mayo de 1940 causo 34 muertos en Dublín. Los alemanes alegaron un error, y compensaron a los irlandeses después de la guerra. El mismo Churchill admitió que podía deberse a un dispositivo que desviaba a los pilotos de su objetivo previsto.

Ni este plan de invasión ni León Marino se llegaron a efectuar por el fracaso de la fuerza aérea alemana en su afán de destruir la aviación y la flota británicas. Mientras duró la Batalla de Inglaterra, Irlanda resultó un bocado apetecible, pero tras la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética (1941), la estrategia de invasión pasó a guardar polvo. La Aventura de la Historia ha publicado varios artículos sobre las ansias expansionistas de Hitler, como la Operación Félix, que pretendía, con la connivencia de Franco, la ocupación de Gibraltar. Son documentos que nos permiten acercarnos a lo que hubiera pasado si el dictador de los designios de Alemania hubiera dado el visto bueno a su ejecución.

Carlos de Lorenzo

C.d.lorenz@hotmail.com

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