Eterna lucha de caudillos

Para la revolución en México, el de 1917 es un año clave como lo fue para la revolución en Rusia. Solo que aquí se agotan las coincidencias. La Revolución soviética consistió en el rápido establecimiento de un sistema dictatorial de poder político y económico, basado en el criterio de the world upside down (“el mundo boca abajo”), y destinado a durar más de setenta años. En cambio, si bien la Constitución de 1917 fue un hito importante, cuyos ecos llegan hasta hoy en el plano normativo, por el momento distó de estabilizar nada. Aun sin la intensidad del periodo 1914-1917, la guerra civil no desapareció, y de la fragilidad del poder político da idea el hecho de que el presidente que la quiso y promulgó, Venustiano Carranza, fue pronto asesinado a incitación de su sucesor, el también general Álvaro Obregón. Todo ello en un marco de “destrucción, desolación y hambruna”, como escribió L. Medina.

Hasta 1940, siempre respetando la no reelección, fruto principal del derrocamiento de Porfirio Díaz en 1910, cada relevo en el vértice supuso un enfrentamiento a muerte entre el nuevo mandatario y su predecesor. La novedad de Lázaro Cárdenas (1934-1960) es que no solo intentó poner en práctica los ideales sociales de la Revolución, sino que evitó eliminar a su predecesor Calles y garantizó una sucesión regular en el marco del partido único de gobierno.

La Revolución de 1910 quedó por fin estabilizada hasta fin de siglo, dando, eso sí, lugar a un modelo de régimen autoritario en sentido estricto, el cual además enlazaba en muchos aspectos –el autoritarismo y el falseamiento de la democracia entre ellos– con el denostado régimen de Porfirio Díaz. La no reelección fue la clave política de la Constitución de 1917, que por lo demás se apoyaba en el entramado de la precedente Constitución de 1857. De esta surgió el porfiriato; de la de 1917, tras un periodo de turbulencias, el PRI. Siempre sobre un fondo de violencia social, que el estallido de 1910, y sobre todo las consecuencias del asesinato del demócrata Madero en 1913, llevaron a primer plano.

Reajuste traumático

La Revolución supuso un reajuste traumático del cual surgieron profundas transformaciones, como destaca Jean Meyer, autor de un estudio capital sobre el levantamiento armado de los creyentes, la Cristiada, y a quien debemos la segunda contribución a este Dossier: “Última etapa de crecimiento, de instalación del Estado moderno, que crea la nación para formar finalmente el Estado-nación”.

La Revolución mexicana subsiste hasta hoy, en primer término, como mito, parteaguas sagrado de una historia que se abre con otra orgía de sangre, la insurrección del cura Hidalgo por la independencia en 1810, como señala Krauze. La imagen externa es de revolución social, fundamentalmente agraria, pero esta dimensión solo corresponde en rigor al zapatismo, y Zapata ya estaba vencido antes de ser asesinado y convertido en mártir fecundante para Diego Rivera, para el corrido en su memoria recitado por Ignacio López Tarso, incluso para su intento de resurrección por el subcomandante Marcos a finales del siglo.

Lucha popular y represión en la versión mural de Diego Rivera.

Una vez eliminado Madero, la Revolución fue durante más de diez años una interminable lucha de caudillos militares por el poder, con el pueblo por referente simbólico y, sobre todo, como carne de cañón y víctima de la brutalidad. Lo explicó el pintor José Clemente Orozco en sus cuadros y en su Autobiografía: “La tragedia desgarraba todo a nuestro alrededor. Tropas iban por líneas férreas al matadero. Los trenes eran volados. Se fusilaba en el atrio de la iglesia a infelices peones zapatistas que caían prisioneros de los carrancistas. Se acostumbraba la gente a la matanza, al egoísmo más despiadado, al hartazgo de los sentidos, a la animalidad pura y sin tapujos. En lo político, otra guerra sin cuartel, otra lucha por el poder y la riqueza. Sainete, drama y barbarie”.

La cara de la realidad frente a la risueña de La cucaracha y de Adelita, o del corrido surrealista en que Pancho Villa se apodera de la aviación gringa “porque nosotros teníamos lo mero principal”. Una realidad a la cual no escapan tantos otros corridos que cantan al heroísmo de este o aquel revolucionario y desembocan en su muerte.

Atravesando ese bosque de horrores, logró avanzar la modernización del país, uno de cuyos hitos es la Constitución de 1917. Por eso, al lado de la reflexión general de Jean Meyer, máximo especialista en historia de México, este Dossier lo integran el estudio sobre la Constitución de Felipe Arturo Ávila Espinosa, autor de imprescindibles trabajos sobre el proceso constituyente y la Revolución, y el análisis monográfico de la investigadora de la UNAM Martha Beatriz Loyo, especializada en historia militar, coautora de una precisa reconstrucción de la batalla de Zacatecas, episodio capital sin el que la Constitución de 1917 no hubiera existido.

Antonio Elorza

*Introducción al Dossier La Revolución mexicana, publicado en La Aventura de la Historia, número 224.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here