La epidemia de gripe española de 1918 causó entre cincuenta y cien millones de muertes en el mundo. A pesar de su nombre, su origen no estuvo en España; se barajan varias posibilidades: Kansas, China y Francia, y no se cierra la puerta a otras. Cien años después de su irrupción todavía hay grandes incógnitas, pero también se ha avanzado mucho en su estudio. En El jinete pálido, la escritora y periodista especializada en temas científicos Laura Spinney bucea en la enfermedad con un texto divulgativo que aborda aspectos médicos, científicos, sociales, políticos e históricos.

Pregunta. El subtítulo de su libro indica que esta epidemia cambió el mundo. ¿Cuáles fueron los cambios más significativos?

Respuesta. Respuesta. Dejó toda una generación –la de aquellos que estaban en el vientre de su madre cuando la gripe golpeó al mundo– disminuida física y cognitivamente durante toda su vida. Tuvo un gran impacto en la forma en la que los científicos y los políticos se plantearon la salud pública. Y se podría decir que también dejó su huella en las artes.

P. ¿Cómo influyó la pandemia en la I Guerra Mundial y el proceso de paz?

Laura Spinney. Foto: Rudi Sebastian / Getty Images. Cortesía Editorial Crítica.
Laura Spinney. Foto: Rudi Sebastian / Getty Images. Cortesía Editorial Crítica.

R. Hay consenso entre los historiadores en que la gripe española aceleró el fin de la guerra. ¿Esto afectó al resultado? La mayoría de los expertos dice que no; sin embargo, otros han roto filas defendiendo que favoreció la victoria de los aliados. Los científicos creen que las condiciones en las trincheras pudieron incrementar la virulencia del virus, lo que explicaría que fuera tan grave. En cuanto al proceso de paz, el presidente norteamericano Woodrow Wilson cogió la gripe y probablemente sufrió daños neurológicos por ello, disminuyendo su capacidad para defender una paz moderada. Todos sabemos lo que ocurrió después.

P. La gripe no se originó en España, ¿por qué se la llamó gripe española? ¿Está de acuerdo con las directrices de la Organización Mundial de la Salud que estipulan desde 2005 que los nombres de las enfermedades no deben hacer referencia a lugares, personas, animales o alimentos?

La enfermedad llevaba tiempo en EE UU, Francia y Gran Bretaña, pero la gente no lo sabía porque la noticia se mantuvo alejada de la prensa. España fue injustamente culpada

R. España era neutral en la guerra y no había censura en la prensa, así que cuando aparecieron los primeros casos en mayo de 1918 los periódicos locales informaron sobre ellos. La enfermedad llevaba tiempo en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, pero la gente de esos países no lo sabía porque la noticia se mantuvo alejada de la prensa. Así que España fue injustamente culpada. Estoy de acuerdo en que los nombres de las enfermedades no deberían estigmatizar. Cómo conseguirlo y si las medidas de la OMS lo consiguen son dos cuestiones muy complejas.

P. En su libro muestra la actitud que prevaleció en Zamora ante la enfermedad. En otro capítulo explica la intervención en Nueva York. ¿Podría explicar brevemente la principal diferencia entre ambas?

R. Hubo muchas cosas que las diferenciaron, pero la principal fue que las autoridades de Nueva York comprendieron que se enfrentaban con un microbio, mientras que en Zamora la enfermedad se atribuía a la ira de Dios. Estas convicciones marcaron las consecuencias en cada lugar.

P. De los distintos perfiles que presenta en el libro, ¿destacaría alguno?

R. Es difícil señalar una historia en particular porque cada una arroja luz en un aspecto, pero la del obispo Álvaro y Ballano de Zamora me parece fascinante, simplemente porque muestra la poderosa influencia que una personalidad fuerte puede llegar a tener.

Enfermos de gripe española en un hospital de emergencia levantado en Fort Riley, Kansas, EEUU.
Enfermos de gripe española en un hospital de emergencia levantado en Fort Riley, Kansas, EEUU.

P. ¿Por qué esta ha sido la enfermedad olvidada? ¿Influyó la censura de la guerra?

R. La censura solo afectó a las secuelas inmediatas. Lo más interesante es por qué seguimos cien años después sin considerar la pandemia como un acontecimiento histórico a pesar de que ha matado más que cualquiera de las guerras mundiales y, quizá, más que las dos juntas. Hay muchas razones, pero una de ellas es que a la gente le gustan las historias con héroes y villanos, y con un principio, un desarrollo y un final. Difícilmente hay héroes en una pandemia, y el villano en 1918 no era humano. Barrió el mundo rápidamente; la gente no sabía qué les había golpeado. Así que era una historia difícil de contar.

P. En 2005 se reprodujo el virus de la gripe española de 1918 gracias a los trabajos de, entre otros, el científico Jeffrey Taubenberger, de quien usted habla en su libro. Está custodiado en el Centro para Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta, pero este avance tiene sus detractores, ¿qué temen?

R. Podría ser robado y utilizado en una guerra biológica. Es difícil sopesar los riesgos y beneficios de un estudio científico, pero este paso solo ha beneficiado a la humanidad. Ha facilitado información para desarrollar mejores vacunas contra la gripe, por ejemplo.

Marta Pérez Astigarraga

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 233.

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