Liza desigual entre el inofensivo pito y la bayoneta”, escribió Galdós, testigo de aquella noche del 10 de abril, en el Madrid isabelino de 1865, donde “me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana”. La represión de lo que comenzó siendo una protesta estudiantil acabó con el crédito del gobierno moderado del general Narváez. Tras el cese del unionista O’Donnell en 1863, la inestabilidad política era una constante. El Partido Progresista seguía retraído de las instituciones y enfrentado a los Borbones, mientras el Partido Demócrata desarrollaba un discurso populista y atractivo. A esto se sumaba una Hacienda quebrada que se quiso paliar proponiendo un anticipo forzoso, rechazado por las Cortes. Era preciso estabilizar la economía para asegurar la supervivencia del gabinete.
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