Arrecia la gripe española y, por primera vez en la historia, un ejército de mujeres se prepara para combatirla. Entre ellas está Mariela, enfermera protagonista de la novela con que Yolanda Guerrero reivindica la impronta femenina en la Gran Guerra y la Rusia bolchevique.

Pregunta. Mariela es enfermera en un momento en que esta profesión empieza a concebirse como tal. ¿Cómo fue este cambio?

Respuesta. En España llegamos un poco tarde. La iniciadora de la enfermería laica, titulada y profesional fue Florence Nightingale en 1860. Aquí, hasta la escuela Santa Isabel de Hungría, creada por el doctor Federico Rubio y Galí en 1896, las enfermeras eran religiosas o criadas que hacían funciones básicas, como cambiar una venda. Esta escuela empieza por primera vez a formar a enfermeras profesionales. Isabel de Oyarzábal decía que por fin había en España dos profesiones que permitían la emancipación de la mujer: maestra y enfermera, porque empezaban a reunir las condiciones fundamentales de formación, titulación y remuneración.

Florence Nightingale, precursora de la enfermería profesional, en la guerra de Crimea, litografía del siglo XIX.

P. ¿Cuál fue el papel de las enfermeras como Mariela en la Gran Guerra?

R. Fue fundamental. Me atrevería a decir que más que el de los médicos, porque a veces curar era condenar a cadena perpetua a un hombre muy joven, debido a que las armas causaban verdaderas carnicerías. Ellas cuidaban del enfermo hasta su fallecimiento, y eso significaba la diferencia entre una muerte cruel y una muerte digna.

P. ¿Qué condiciones había en los hospitales de campaña?

R. Desastrosas, no había medios. En esa guerra se ensayó tecnología bélica, como el gas mostaza. Fueron cuatro años de innovaciones perversas y constantes. La tecnología se dedicaba más a matar que a curar y ese era el gran problema de los hospitales de campaña, aunque se desarrollaron algunas técnicas quirúrgicas modernas, como la cirugía maxilofacial. Una enfermedad muy común era el pie de trinchera, los medios eran tan limitados que lo único que podían hacer era amputar.

P. ¿Cómo impactó la gripe española en el Madrid de 1917-1918?

P. Era una ciudad misérrima en la que se hacinaban los obreros. No había saneamiento, alcantarillado, ni agua corriente, y pocas casas tenían sótano, la humedad subía por las paredes. En ese contexto, la Iglesia católica dijo que la gripe era consecuencia del pecado. En la novela hay un cura intransigente que no existió, pero todo lo que dice sobre la gripe son palabras reales, sobre todo del obispo de Zamora, que fue el más beligerante ante los medios científicos contra la gripe. Estaba convencidísimo de que solo se solucionaba con misas multitudinarias y procesiones, lo que, unido a las condiciones insalubres de higiene de la gente, hizo que la gripe se propagara con una facilidad tremenda.

La autora del libro, Yolanda Guerrero.

P. Rodea a Mariela de mujeres destacadas en la historia, que no siempre reciben el reconocimiento que merecen. ¿Es una novela feminista?

R. Es una novela feminista, en el sentido ideológico, porque reivindica que somos iguales. Al investigar me encontré con unas mujeres fascinantes, olvidadas, y sentí que les debía este homenaje. Rosa Luxemburgo es una de las mentes más brillantes del pensamiento europeo y, sin embargo, todavía hay que reivindicar sus textos. También es una loa a la amistad entre las mujeres que se entienden intelectualmente, en una época en que no se publicaba lo que escribían y no podían votar.

P. Elige dos escenarios candentes en 1919, Alemania y Rusia. ¿Cómo se reflejan?

R. Se reflejan precisamente en el momento en que las mujeres creían que iban a poder cambiar el mundo. Es algo con lo que quiero jugar con el lector: sabe más que Mariela, de manera que ella puede tener esperanzas. Cree que Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin van a hacer que Alemania abandere la revolución en Europa. Es un momento entre el miedo y el optimismo. En Rusia, Mariela se encuentra con esa primera revolución impulsada por mujeres como Alexandra Kollontai, Nadia Krupskaya o Inessa Armand, que querían que la mujer pudiera estar a la altura intelectual del hombre, que crean el Genotdel, pero todo fue cercenado por Stalin. Quiero reivindicarlas, reivindicar que existe un legado.

Sara Puerto

*Entrevista publicada en La Aventura de la Historia, número 251.

Mariela

Yolanda Guerrero
Barcelona, Ediciones B (Penguin Random House), 2019
672 págs., 21,90 €

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