Cuando Alfonso II, luego conocido como el Casto, vino al mundo en Oviedo, allá por el año 762, estaba destinado a ceñirse una corona que su padre, Fruela, hijo de Alfonso I el Cántabro y nieto de Pelayo, había defendido con su sangre frente a los sarracenos que ocupaban la mayor parte de España, y también frente a ciertos vecinos cristianos o paganos reacios a reconocer la soberanía del reino de Asturias sobre sus respectivos territorios.
Este contenido no está disponible para ti. Puedes registrarte o ampliar tu suscripción para verlo. Si ya eres usuario puedes acceder introduciendo tu usuario y contraseña a continuación:






