Desde muy temprano, hacia el siglo IV, los antiguos cristianos que vivían en Jerusalén realizaban, reunidos en cofradías, algunas procesiones como la de las Palmas del Domingo de Ramos para recordar in situ los distintos momentos de la Pasión. Durante el Viernes Santo tenía lugar la adoración de la Cruz, y pronto, estos actos sencillos comenzaron a evolucionar hacia otros mucho más organizados, extendiéndose su práctica hacia Occidente.
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