La palabra “saeta” proviene del latín sagitta (arma arrojadiza). El Diccionario de autoridades (1739) la definía de la siguiente manera: “Por alusión se toma por el objeto que hace impresión en el ánimo, como hiriendo en él”. En la clásica definición de Machado Álvarez, las saetas son “cancioncillas que tienen por principal objeto traer a la memoria del pueblo, especialmente en los días del Jueves y Viernes Santos, pasajes de la pasión y muerte de Jesucristo (…), coplas disparadas a modo de flechazos contra el empedernido corazón de los fieles”.

Respecto a su expresión musical, se distinguen dos grandes clases de saetas: flamencas, derivadas de las tonás y las seguirillas, nacidas en el siglo XIX; y llanas, primitivas, antiguas o litúrgicas. A estas últimas se les atribuye una raíz árabe –llamadas a la oración de los almuédanos de las mezquitas andaluzas, esto es, cantes populares islámicos– complementada por los cantos sinagogales judíos (salmodias sefardíes) y estructuradas por los misioneros franciscanos en los siglos XVI y XVII, quienes llamaban saetas a “los avisos y sentencias que en forma de coplillas recitaban o cantaban por las calles en determinados momentos de sus misiones” (fray Diego de Valencina).

En cuanto a su forma literaria, junto a las del apostolado franciscano, se distinguen las descendientes de los antiguos romances de Pasión, coplas del Vía Crucis y del Miserere; las escritas por poetas cultos, y las de inspiración popular.

"La Semana Santa en Andalucía", José Pueyo Matanza, 1904.
“La Semana Santa en Andalucía”, José Pueyo Matanza, 1904.

Son muy escasas las localidades –parece que todas andaluzas– donde se siguen cultivando las saetas primitivas, diferenciadas por la entonación o musicalidad con la que se cantan, con similitudes textuales. Los especialistas destacan dos: por un lado, las Molederas de Marchena (Sevilla), las más conocidas, melódicamente muy simples. Al amanecer del Viernes Santo a las imágenes de Cristo y la Virgen en la plaza Alta les cantan “el Paso”, unas 400 saetas narrando la Pasión, y, por otro, las Samaritanas de Castro del Río (Córdoba): unas se dirigen a la Virgen y otras al Cristo. Constan de cuatro o cinco versos octosílabos que se cantan en la noche del Jueves Santo. Una de ellas: “Preso lo sacan del huerto / y porque solo se encontraba / por un beso que le dieron / a muerte lo sentenciaron / al redentor de los cielos”.

Es muy interesante esa variante de saetas cantadas colectivamente por agrupaciones rituales, alternando coplas que se desdoblan entre las de temática religiosa y las de tipo profano, vinculadas estas con los trovos o poesía improvisada, a menudo burlesca. A continuación, repasamos sus señas de identidad:

Primeras investigaciones

"Saetas", de Agustín Aguilar y Tejera, 1928.
“Saetas”, de Agustín Aguilar y Tejera, 1928.
En 1880, “La Enciclopedia” (Sevilla) publica las primeras aproximaciones serias a las saetas. José Mª Sbarbi destaca sus características melódicas (“entonación grave, pausada, lúgubre, y casi monótona, dejando como en suspenso la cadencia final (…) constan de 2, 3 o 4 versos octosílabos”) y su relación con prácticas devotas difundidas por los misioneros en América en el siglo XVIII. Luego, A. Machado Álvarez, “Demofilo”, las valora como género de la cultura popular “no menos interesante que los piropos, pregones, trabalenguas, trovos y adivinanzas”, destacando la coexistencia entre las de tipo religioso y las paródicas.
En 1928, Agustín Aguilar publica “Saetas populares”, en la que recopila la tradición oral casi mil saetas, mostrando la gran variedad de estilos y matices locales. Señala la independización de las saetas respecto a los dramas de la Pasión y las coplas de Vía Crucis cantadas dentro de las iglesias, adquiriendo forma propia para expresar el sentir popular al paso de las imágenes de Semana Santa. “Tal como hoy la conocemos, nace en Sevilla y coincide su florecimiento con el de las cofradías sevillanas”.
En 1948, el capuchino Diego de Valencina redacta su monumental “Historia de la saeta”, con valiosa información sobre el aspecto evangelizador bajo el que fueron difundidas desde el siglo XVI, “para echarlas en la misión”, asociándolas a los “cantos de aurora” y “de pecado mortal”. Hasta finales del siglo XIX se cantaban las saetas antiguas, pero a comienzos del siglo XX empezaron a ser sustituidas por las flamencas, mezcladas con coplas. D. E. Brisset

 

Saetas del prendimiento de Cabra (Córdoba). Se cantaban durante la representación del “Paso” el Viernes Santo en la plaza, en estilo narrativo, como base de acciones teatrales. Desaparecidas, en 1994 se recuperó una parte, escenificándose el “Sacrificio de Isaac”.

Saetas cuarteleras de Puente Genil (Córdoba). Las corporaciones bíblicas, que ya existían en 1660, son el eje de la “mananta” o Semana Santa pontana. Existen casi sesenta corporaciones o agrupaciones masculinas que sacan en las procesiones figuras con máscaras o rostrillos, vestimentas y los símbolos que las identifican, relacionados con el Antiguo y el Nuevo Testamento y los dogmas y creencias de la doctrina católica. En total, salen más de 300 figuras, que se pueden conectar con los autos sacramentales de la fiesta del Corpus. Cada una de estas corporaciones posee una sede o cuartel donde guardan sus vestimentas, y sus miembros se reúnen periódicamente para comer, beber y alternar “saetas cuarteleras”.

Saetas de santería de Lucena (Córdoba). La “santería” es una singular forma lucentina de organizar las procesiones. Cada cofradía elige anualmente a un “cuadrillero” o encargado, quien busca un “manijero” para que designe la cuadrilla de “santeros” o costaleros que han de llevar a hombros los pasos. A lo largo del año se suceden juntas o reuniones de los miembros de cada “santería”, y en Cuaresma proceden a “marcar” o agrupar por estaturas. En estas juntas de santería, mientras se ingiere en grandes dosis los afamados finos de la comarca, se improvisan trovos y se cantan saetas antiguas al ritmo de un par de tambores. Se establecen amistosos duelos cantados, valorando la capacidad de improvisar. Los cantes se llaman “saetas de santería” o “borrachunas”. Estos duelos con cante de saetas improvisadas y burlescas se alterna con el de las antiguas, versos bíblicos dialogados.

Sátiras de Loja (Granada). Poco conocidas, son, con las “corridas de incensarios”, el único exponente en España de esta actividad semilitúrgica. Son grupos de carácter militar a las órdenes del “ceñidero”, formados por ocho hombres que han ganado en subasta el derecho a incensar imágenes en las procesiones. Son nueve las “corridas” actuales, y el documento más antiguo que menciona esta danza ambulatoria está fechado en 1765. El nombre les viene por los incensarios que portan, con los que ejecutan complicadas evoluciones coreográficas, y, tras reverenciar a los símbolos, se alternan cuatro de ellos en cantar cada uno un verso de las “sátiras” o saetas pasionales, similares a las saetas antiguas cordobesas, con variantes locales. En cuanto al nombre, parece otra derivación del latín sagitta.

Demetrio E. Brisset

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 222.

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