Diecisiete siglos después de que fuera decapitado por los romanos, san Jorge fue derribado de los altares por la gigantesca capa de su mitología (dragón, dama, lanza y blanquísimo caballo), cuando la Iglesia, tras la puesta al día del Concilio Vaticano II, decidió limpiar las páginas del Martirologio romano de algunos excesos acumulados por el paso del tiempo. Pero, antes de que finalizara el siglo XX, las evidencias científicas movieron al prefecto de la Congregación del Culto Divino, a restituir al honor de los altares al campeón de la caballería y héroe de tantos siglos. Y así, a partir de 2001, san Jorge figura nuevamente en el Martirologio, con fiesta fijada el 23 de abril.
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