Tiberio Claudio César Augusto Germánico se convirtió a los cincuenta años en el primer emperador aclamado por el cuerpo militar de los pretorianos. Era el 24 de enero del año 41 y Calígula acababa de ser asesinado por Cassio Cherea y Cornelio Sabino, tribuno del pretorio. El tío Claudio, convencido de que querían buscar a los miembros de la familia imperial para ajusticiarlos también a ellos, se escondió detrás de una cortina en una sala del palacio. Fue allí donde fue descubierto e inmediatamente proclamado emperador por los pretorianos, que con la creación de un nuevo princeps querían proteger sus privilegios, pues algunos senadores acariciaban la idea de restablecer la República. Claudio, tras una actitud pasiva, protestó ante esta situación. Según Suetonio: “Lo pusieron en unas andas, y dado que los suyos habían huido, lo llevaron al campamento, triste y temoroso, entre la compasión de la gente, como un inocente, que hubiese sido salvado del suplicio”.

Su reinado, que duró hasta el año 54, es objeto ahora de una exposición en el Museo del Ara Pacis de Roma. Comisariada por Claudio Parisi Presicce y Lucia Spagnuolo, esta cita organizada por el ayuntamiento de la capital italiana, la Superintendencia de los Bienes Culturales y por la Ville de Lyon descubre la vida y el reino de este discutido emperador (Lyon, 10 a.C. – Roma, 54 d.C.), analizando en la muestra su personalidad, su conducta política y administrativa, el ligamen con la figura de Augusto y con su famoso hermano, Germánico, y su trágica relación con dos de sus esposas, Mesalina y Agripina, en el ambiente de la corte imperial romana y de los controvertidos avatares de la dinastía julio-claudia.

Un destino singular

A lo largo de su vida, Claudio afrontó algunos acontecimientos excepcionales, sucesos sangrientos, intrigas de corte y osadas decisiones políticas. En realidad se convirtió en el primer emperador nacido fuera del territorio itálico, en Lugdunum, la actual Lyon, y al principio fue presentado como un improbable candidato a regir el imperio. Desde la más tierna infancia, Claudio fue víctima de tics que lo alejaron no solo del poder sino también de los diferentes encargos oficiales, que recaían en el sobrino del emperador Tiberio y en su hermano Germánico.

Fragmento de la decoración de un Arco de Triunfo con un grupo de guardias pretorianos esculpidos en mármol, hacia 50 d.C., Museo Louvre-Lens.

No está demostrado que Claudio hubiese nacido prematuramente pero si que hubiese padecido una enfermedad grave en sus primeros años. Se puede afirmar que padeció la enfermedad de Little (conocida como rigidez espasmódica congénita), dada la precisión de las molestias que sufría y por las características clásicas de esta lesión neurológica, que explican los malestares durante la infancia y los achaques en la edad adulta. A este propósito, Suetonio señala que su salud, débil al principio, orientaba hacia la pancreatitis, cuya etiología concuerda con los excesos alimentarios de Claudio.

De todas formas el emperador Augusto, que dudaba de sus aptitudes políticas, habría preferido con convicción a su hermano Germánico, pero éste murió prematuramente en circunstancias sospechosas. Para su sucesión, el pueblo y el ejército habían elegido a Calígula, apuñalado en su propio palacio, homicidio que conducía necesariamente a Claudio como elegido para afrontar la crisis política.

Además, los vínculos de Claudio con sus cuatro mujeres están marcados por trágicos acontecimientos: su tercera esposa, Mesalina, 35 años más joven, pasó a la historia por sus numerosos vicios, presuntos o verdaderos, a pesar de que fuese la madre de Británico, el primer heredero varón de la dinastía julio-claudia, engendrado por un emperador reinante. Mesalina fue asesinada con el consentimiento de Claudio y el destino de Británico quedó también condicionado: no consiguió nunca el poder y acabó siendo una víctima adolescente del hermanastro Nerón.

Escultura de la emperatriz Mesalina.

El último matrimonio de Claudio, con su sobrina Agripina, fue fatal. Agripina, hija de Germánico y hermana de Calígula, está considerada la artífice de su muerte, probablemente por envenamiento: Claudio murió el 13 de octubre del año 54. Las circunstancias de su envenamiento constituyen uno de los episodios más discutidos por los autores antiguos y modernos. Examinando los textos antiguos, de los once autores que tratan la muerte de Claudio, uno solo, Séneca expone la tesis de la muerte natural, teniendo en cuenta la función que desarrollaba. Todos los demás consideran que Claudio habría sido envenenado por Agripina, aunque Tácito explica que ella habría optado por algo para enturbiar su mente sin acelerar la muerte.

Los actos de envenenamiento eran frecuentes en la Antigüedad, como testimonian las prácticas mitridáticas. Por ello, las voces eran numerosas cuando un fallecimiento aparecía demasiado rápido o sospechoso. Suetonio señala que, tras la muerte de Calígula, se halló un enorme cofre repleto de diferentes venenos, lo que permite pensar que la farmacopea homicida fuese muy elaborada. Lo cierto es que, tras su muerte, Claudio fué divinizado y se le dedicó un templo en la colina del Celio, siendo además sucedido en el imperio por el hijo dado a luz por Agripina, Nerón.

Protector e impulsor de obras públicas

La galería expositiva, sostenida por la puesta al día en los trabajos de historiadores y arqueólogos, exhibe una imagen de Claudio algo diferente de la oscura y poco halagüeña transmitida por los autores antiguos: se desprende un emperador capaz de proteger a su pueblo, de promover útiles reformas económicas y grandes obras públicas y de fomentar, con su legislación, el desarrollo administrativo del imperio.

Algunas piezas de extraordinario interés histórico-arqueológico completan la explicación de la vida y obra de Claudio: desde la Tábula Claudiana, donde resulta grabado el discurso de Claudio en el Senado en el año 48, centrado en la apertura a los notables galos del consejo senatorio; al valioso camafeo con el retrato de Claudio emperador; hasta el pequeño y sugestivo retrato de bronce dorado de Agripina Menor, procedente de Alba Fucens (en la actual región italiana de Abruzos), que testimonia el interés de Claudio por el territorio de la Regio IV de entonces. Una de las novedades es el retrato de Germánico, expuesto por primera vez, junto con prestigiosos préstamos internacionales y nacionales, algunos de éstos restaurados para la ocasión.

Fragmento de un relieve con una figura femenina exhibido en la muestra «Claudio emperador» del Museo del Ara Pacis.

En definitiva, la exposición se trata de un montaje original basado en imágenes visuales y sonoras. Constituye un atractivo sobresaliente del recorrido expositivo y los personajes de la narración protagonizan las instalaciones que involucran a los visitantes en esta experiencia.

Carmen del Vando Blanco

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 251.

Claudio emperador. Museo del Ara Pacis, Roma. Hasta el 27 de octubre.

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