Las dictaduras configuran su visión legitimadora del pasado. Silencian los crímenes que cometen. Imponen su relato. La violencia ejercida por el franquismo quedó en un punto ciego durante décadas, sepultada por una narrativa oficial que impedía analizarla con luz y taquígrafos. Aunque las cunetas, las cárceles e incluso los monumentos que erigió el régimen de Franco ocultaban una realidad que hablaba por sí sola, tuvieron que transcurrir muchos años hasta que aquel traumático pasado pudo empezar a escapar del olvido.
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