Desde sus lejanos orígenes como honra de difuntos, los autores M.ª Engracia Muñoz Santos y Fernando Lillo Redonet nos van llevando en esta obra al paso previo a los combates de gladiadores: convertirse en gladiador, para luego pasar al lugar donde tenía lugar su entrenamiento, el ludus, y desde ahí a donde se desarrollaba su a veces corta, a veces gloriosa, carrera profesional, el anfiteatro. Un lugar este que se llenaba del jolgorio y la excitación de la muerte gracias a la cuidadosa organización del editor, que se gastaba sus buenos sestercios diseñando un espectáculo (el munus gladiatorium) destinado a su mayor gloria y a mantener calmados a los habitantes de las ciudades. Como nos informan con detalle los autores, los juegos eran una cosa seria y seguían un desarrollo pautado que solía hacer las delicias del respetable.

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