El 6 de julio de 1553, falleció a sus dieciséis años y sin descendencia Eduardo VI, hijo de Enrique VIII de Inglaterra y de su tercera mujer, Jane Seymour. Su hermanastra mayor, María Tudor, hija de Enrique y de Catalina de Aragón, debería haber sido reconocida como reina. Sin embargo, María tuvo que hacer frente a una rebelión encabezada por John Dudley, duque de Northumberland, cuyo partido empleó el pretexto de que María era ilegítima, según una decisión parlamentaria inspirada por su padre, el cual insistía que su matrimonio con Catalina era ilícito. Por otra parte, la rebelión vislumbraba continuar la protestantización de Inglaterra que Eduardo VI y sus ministros y obispos habían puesto en marcha.
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