Ya que he vendido más de un cuarto de millón de ejemplares de mi Felipe de España, en cuatro idiomas y en un sinfín de países, seria inútil preguntarme por qué ha de ser “mi héroe”, aunque no fue por las posibles ventas que el personaje me atrajo. Siempre lo he considerado uno de los personajes históricos más ultrajado por los historiadores. Américo Castro, en un apéndice a su obra España en su historia, hablaba de “por qué los españoles no quisieron a Felipe II”. De hecho, Castro no ofreció ninguna evidencia. Felipe II se merece nuestra atención porque sigue siendo uno de los más injustamente difamados gobernantes de la Europa preindustrial.
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