Reconoces la existencia de un genio cuando cien cretinos lo rodean y le señalan con el dedo. Puede que aún te queden dudas, pero si el tipo exaspera a los del dedo, ten por seguro que estás ante uno de los de verdad: un genio de los pies a la cabeza. Blas de Lezo pertenece a esta extraña estirpe. Cuerdo, hábil y sobresaliente como pocos, fue denostado en vida y tras su muerte. Hasta doscientos cincuenta y pico años tras su muerte. Hasta, como quien dice, anteayer.
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