Jorgina Gil-Delgado (Málaga, 1921) siempre había sido una figura importante en la vida cultural de Madrid. Tenía una sofisticada educación cosmopolita, tenía contactos y tenía también una curiosidad feroz que acabó asomando a mediados de la década de los sesenta y cristalizando en importantes logros. Fue una época decisiva en casa de los Satrústegui. En 1962, el marido de Jorgina, el abogado y político monárquico y liberal Joaquín Satrústegui, con el que había contraído matrimonio en 1943, participó en el llamado contubernio de Múnich. A su vuelta a España sería represaliado por el régimen franquista y desterrado a Fuerteventura.

Gil-Delgado, que apoyaba la actividad política de su marido en favor de una monarquía democrática, convirtió entonces su casa en una especie de centro de apoyo de todo tipo a los represaliados o acosados por el régimen. Enrique Tierno Galván lo recuerda así en sus memorias, Cabos sueltos: “Procuramos ayudar psicológica y materialmente a unos y otros. Aquí en Madrid el centro de la ayuda fue la casa de Satrústegui, donde su mujer, Jorgina, mantuvo una actitud ejemplar de calma y seguridad en sí misma”.

Fernando Álvarez de Miranda, Joaquín Satrústegui y Jaime Miralles, deportados en Fuerteventura, en 1962.

Esa seguridad se trasladó al plano intelectual y, a finales de esa década, comenzó la actividad cultural pública de Jorgina Gil-Delgado, reseñando para ABC las conferencias que el filósofo Xavier Zubiri impartía en la Sociedad de Estudios y Publicaciones. No se trataba de un filósofo fácil, pero Gil-Delgado conseguía que casi lo pareciera, que fuera comprendido y seguido. Para muchos expertos y no expertos, esas reseñas se convirtieron en un medio para acceder a la alta cultura. Politeia, la institución que estaba a punto de nacer, quería transitar también ese camino.

CURSO 2021/2022: 50 CONFERENCIAS SOBRE EL IMPERIO ROMANO

Tras la interrupción obligada el pasado año por la situación de emergencia sanitaria provocada por la COVID19, la Fundación Politeia inaugura el 14 de octubre su Curso 2021/2022, en el que hasta mayo se impartirán cincuenta conferencias sobre la época del Imperio romano. Con el enfoque multidisciplinar característico de la institución, el programa del curso abarca el ciclo completo de la existencia del Imperio, desde sus orígenes en la crisis de la República, hasta su apogeo, decadencia y desenlace final, con la caída de su parte occidental en el siglo V. Asimismo, fieles al espíritu universalista que inspira la actividad de la fundación, el programa se completa con el estudio de otras importantes civilizaciones coetáneas en China, Egipto y Persia.

Entre los ponentes del curso figuran nombres habituales de Fundación Politeia, como Martín Almagro Gorbea, catedrático de Prehistoria de la Universidad Complutense; Jaime Alvar Ezquerra, catedrático de Historia Antigua de la Universidad Carlos III de Madrid; Manuel Bendala, catedrático de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid; José Manuel Cruz Valdovinos, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid; Adolfo Domínguez, catedrático de Historia Antigua de la Universidad Autónoma de Madrid; Miguel Ángel Elvira, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid; Manuel Fraijó, catedrático emérito de Filosofía de la religión e Historia de las religiones, UNED; Miguel García Baró, catedrático de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Comillas; Francisco J. Gómez Espelosín, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Alcalá de Henares; Diego Gracia, catedrático emérito de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid; Lilia Maure Rubio, profesora titular de Historia de la Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid; Luz Neira, profesora titular de Historia Antigua de la Universidad Carlos III de Madrid; y Fernando Quesada, catedrático de Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid.

Participarán por primera vez los doctores Javier Paricio Serrano y Gonzalo Bravo Castañeda, catedráticos los tres de la Universidad Complutense, la doctora Trinidad Nogales Basarrate, directora del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, los doctores Irene Mañas y Sabino Perea, profesores del departamento de Historia Antigua de la UNED, el doctor Andreas Janousch, profesor de Estudios Orientales de la Universidad Autónoma de Madrid, y el doctor David Soria, del Centro de Estudios de Oriente Próximo y la Antigüedad Tardía de la Universidad de Murcia.

Hay dos modalidades para inscribirse a este curso de conferencias: con acceso presencial y derecho también a acceder on-line, o con acceso exclusivamente on-line. La oferta del curso se completa con dos seminarios. Uno, sobre la literatura romana, dirigido por los doctores Luis Alberto de Cuenca, profesor de investigación del CSIC, y Emilio del Río Sanz, profesor titular de la Universidad de La Rioja, y otro, dirigido por el crítico cinematográfico Eduardo Torres Dulce, en el que se proyectarán y analizarán cinco grandes películas que tienen a Roma como escenario y que muestran la proyección de esa histórica ciudad en un arte tan actual como el cine. Si la situación lo permite se organizarán también, en el último trimestre, excursiones y viajes de carácter arqueológico.

Vocación de servicio

“Fue el gran proyecto social o público de Jorgina Gil-Delgado, en el que volcó su curiosidad intelectual, afán de estudio y vocación de servicio”, comenta Miguel Satrústegui, profesor honorífico de Derecho Constitucional en la Universidad Carlos III de Madrid y actual presidente del Patronato de la Fundación Politeia, en una entrevista con La Aventura de la Historia. Recordando a su madre, explica: “Jorgina no tenía estudios universitarios ni una carrera profesional, pero se había esforzado por formarse intelectualmente, de manera más o menos autodidacta, con un horizonte cultural principalmente europeo, y ayudada por los idiomas (francés, alemán, inglés), cuyo dominio había ido adquiriendo durante su infancia y juventud, en las que le tocó vivir frecuentemente fuera de España. Con Politeia quiso posibilitar un acercamiento a las humanidades de la mano de los mejores docentes de la universidad española de entonces, aunque sin las cortapisas que limitaban el acceso a los estudios universitarios, que en 1969 eran todavía bastante minoritarios”.

El primer ciclo del programa de Politeia tuvo lugar en 1969/1970.

Las circunstancias políticas fueron sin duda importantes a la hora de dar ese paso, acaso determinantes. ¿Hubiera existido Politeia si su fundadora no se hubiera visto sola, con ganas de intervenir en la vida pública y cultural de la ciudad y con la inyección de entusiasmo y seguridad que supuso el reconocimiento de su labor periodística? “Probablemente sí –prosigue Miguel Satrústegui–, hubiera acabado por reconocer la necesidad de ese proyecto y se hubiera propuesto realizarlo. Pero no cabe duda de que las circunstancias extraordinarias llevan a plantearse nuevos retos. En este sentido, el destierro de Joaquín Satrústegui en Fuerteventura, que trastornó la vida privada de Jorgina, la movió no solo a cooperar con las otras esposas de los desterrados en una campaña de protesta –siempre limitada por las circunstancias políticas–, sino que también la animó a iniciarse en esa modalidad de periodismo cultural que consistía en escribir reseñas de conferencias, un género que formaba entonces parte del contenido típico de los periódicos de la capital”.

“Educación permanente”

En el libro que en 2009 conmemoraba los cuarenta años de la institución, la hija de Jorgina Gil-Delgado, Carmen Satrústegui Gil-Delgado, explicaba: “A mi madre le hubiera gustado estudiar en su juventud. Pero no pudo hacerlo porque llegó la guerra. A muchísima gente de su generación, sobre todo mujeres, les pasó lo mismo. Quiso que esas personas tuvieran la oportunidad de aprender y ampliar sus conocimientos”. Politeia dio en el clavo, haciendo posible una educación superior que, por diversas circunstancias, no habían recibido muchas personas interesadas. Politeia levantaba una universidad fuera de la universidad, un centro ambicioso que no renunciaba ni a los mejores profesores ni a participar e intervenir en la vida de la polis: eso significa politeia, en definitiva.

Politeia levantaba una universidad fuera de la universidad, un centro ambicioso que no renunciaba ni a los mejores profesores ni a participar e intervenir en la vida de la polis

Su andadura comenzó en 1969 en Madrid. Su planteamiento: cursos de conferencias programadas que correspondían a un determinado periodo histórico, cuyo estudio se abordaba desde perspectivas diferentes. En ese diseño, la historia tenía un lugar central, pero se acompañaba de la filosofía, la economía, el arte y la sociología para componer un panorama de múltiples perspectivas, riguroso, complejo, rico.

Posteriormente, las conferencias, dos o tres veces por semana, se completarían con viajes y salidas culturales. El 4 de noviembre del año de su creación, el diario Madrid celebraba así la llegada de la nueva institución: “Saludamos con esperanza la aparición en el mundo cultural madrileño del Ciclo Cultural Politeia, que surge de la iniciativa privada y responde, en palabras de sus organizadores, al deseo de educación permanente, cada vez más sentido por la sociedad actual”.

Del franquismo a la democracia

Aunque los comienzos no fueron fáciles, la institución fue afianzándose poco a poco hasta llegar a las 21.000 matriculaciones a lo largo de medio siglo. Durante todo ese tiempo, por las distintas sedes donde Politeia ha desarrollado sus clases, han pasado una nómina de conferenciantes que explica buena parte de su éxito y quizá la clave de su permanencia: diversidad ideológica y generacional, apertura de miras y rigor académico, representado en nombres como Pedro Laín Entralgo, Julián Marías, Luz Neira, Fernando Chueca Goitia, José Luis López Aranguren, Lilia Maure Rubio, Santos Juliá, Diego Gracia, Emilio Lledó…

Jorgina Gil-Delgado con el historiador y arqueólogo Antonio Blanco Freijeiro y el médico Pedro Laín Entralgo durante el acto final del curso de Politeia, en 1984.

Haciendo hincapié en esa apertura de miras que permitió a la institución sortear con éxito el siempre difícil paso del franquismo a la Transición y la democracia, señala el teólogo y filósofo Manuel Fraijó –convertido después en asiduo conferenciante– que Jorgina Gil-Delgado “tuvo el valor de haber permitido dar clase a represaliados del régimen a los que les resultaba difícil abrirse un hueco en la vida cultural de entonces”.

Esta apertura en algún momento tuvo sus consecuencias: en mayo de 1975 se prohibió, por ejemplo, una conferencia del mencionado Tierno Galván sobre socialismo precientífico. No supuso ningún inconveniente a la continuidad de la institución: con la prudencia y el respeto de siempre –y dos policías entre los asistentes como novedad–, la fundación siguió su camino intentando mejorar la vida ciudadana a través del crecimiento intelectual y moral de sus habitantes.

Jorgina Gil-Delgado, en la explanada de las pirámides de Guiza, durante un viaje organizado por Politeia en 1980.

Ese objetivo permanece intacto, como la fundación que hoy día sigue con su actividad cultural manteniéndose fiel “al propósito originario de Jorgina”, concluye Miguel Satrústegui. “Creo que los rasgos distintivos de los cursos de historia de las civilizaciones de Politeia –independencia, sistematicidad de la programación, excelencia de los profesores– se mantienen, pero también se han realizado adaptaciones de la oferta de Politeia, tomando en cuenta los cambios en el escenario cultural y tecnológico. Por ejemplo, en los últimos años se han organizado algunos seminarios sobre temas de urgente actualidad –como la biología molecular o la bioética– y también sobre las obras cinematográficas que están relacionadas con el periodo histórico que se analiza en cada curso; además –y esta es una importante novedad del curso actual– se ha abierto la posibilidad de acceder online, y no solo de modo presencial, a las conferencias de Politeia”.

La inauguración del curso 2021-2022 tendrá lugar el 14 de octubre.

Una adaptación a tiempos y circunstancias que lejos de ser un obstáculo forma parte también del carácter que Jorgina Gil-Delgado supo imbuir a la institución que fundó.

UN LIBRO QUE REÚNE 90 CONFERENCIAS IMPARTIDAS EN SUS AULAS

Las efemérides que conmemoran la vida y el legado de la fundación que levantó Jorgina Gil-Delgado se acumulan. Ella cumpliría cien años en este 2021 y Politeia cumplió cincuenta en 2019. Para celebrarlo, Galaxia Gutenberg acaba de publicar un impresionante volumen en dos tomos que ­reúnen una selección de noventa conferencias escogidas entre las más de tres mil que se han pronunciado en sus aulas a lo largo de su medio siglo de historia.

Portadas de los dos volúmenes sobre los cincuenta años de Politeia.

Tras una introducción a cargo de Miguel Satrústegui Gil-Delgado, presidente del Patronato de la Fundación, el primero de los tomos parte de los orígenes del ser humano y las civilizaciones antiguas y llega a la Edad Media y el Renacimiento.

El segundo abarca desde el Barroco hasta el mundo contemporáneo. En total, más de 1.200 páginas para fijar la intención de contribuir a una mejor vida ciudadana mediante el estudio de la historia de las civilizaciones.

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