Año 31 a.C. Desde hace tiempo, la calma impera en el campamento del veterano general Cneo Valerio, ubicado en la frontera con Tracia. Una tierra lejana a la que llega desde Roma para servir como legionario Manio Sempronio Galba, el único de los siete patricios que, condenados a muerte por el asesinato del octogenario senador Suetonio, prefirió el destierro a tomar la cicuta. En esa tierra donde su padre, El Magnífico, forjó su leyenda como militar, su acomodado vástago buscará, con ayuda de su esclavo Agorastocles, recuperar el honor familiar mancillado y convertirse en un héroe… a costa de la estabilidad de la zona y la tranquilidad de los legionarios allí destinados.

En estos convulsos años del ocaso de la República de Roma, con las disputas entre los partidarios de Octavio y los de Marco Antonio como telón de fondo, se sitúa el marco histórico de Justo antes de Cristo (Movistar+), una serie de televisión que oscila entre lo creíble y lo demencial, que mezcla diálogos disparatados con intrigas palaciegas, persecuciones y asesinatos. Pero no busquen referencias bibliográficas del protagonista de esta historia. Tampoco de los personajes que le acompañan en su aventura. “Es una ficción. El periodo histórico queda de fondo, contado con cuatro claves, y nos centramos en los personajes”, explican Pepón Montero y Juan Maidagán, sus creadores, quienes, con jocosa autocrítica, añaden: “Como se ve, históricamente, no es muy rigurosa. Los que se tiran de los pelos con cierto tipo de novela histórica, se pueden quedar calvos con esta”.

Un momento del rodaje de "Justo antes de Cristo", comedia televisiva enmarcada en el ocaso de la República de Roma.
Un momento del rodaje de “Justo antes de Cristo”, comedia televisiva enmarcada en el ocaso de la República de Roma.

No obstante, estos dos aficionados a la historia –remarcan lo de aficionados– han recurrido a documentación sobre la vida cotidiana en Roma para construir una comedia coral que tiene mucho de folletín. Intrigados por saber cómo vivían en aquella época convulsa, Montero y Maidagán han indagado en la relación que existía entre las diferentes clases sociales de la República, qué límites tenían impuestos las mujeres, cómo era la vida del soldado, cómo funcionaban las legiones… “Fue curioso descubrir que muchas cosas de las que imaginábamos ocurrían de verdad, la confirmación de que no somos tan diferentes. Es fascinante cuando, por ejemplo, lees la última carta de un moribundo y lo sientes tan cercano. Ese fue nuestro objetivo: conseguir que los personajes resultaran reconocibles, afines a cualquier espectador”.

Sin duda, el personaje más atractivo e inclasificable de la serie es Manio Sempronio, el patricio desterrado que interpreta Julián López: “Un neurótico de nuestros días que vivió hace dos mil años y debe enfrentarse al valor romano por excelencia, el honor”. La comedia reta al espectador a identificarse con él y a imaginar situaciones descabelladas, pero plausibles: ¿cómo afrontarías el suicidio si no te apetece una copa de cicuta? ¿Cómo reaccionarías si las sandalias te hacen rozaduras? ¿Qué harías si tienes que enseñar a un pupilo y no recuerdas nada de las pocas clases que te impartió Cicerón?

Catálogo de piezas clásicas

En ese contraste entre fabricar tramas tan imposibles y proyectar una imagen que pudiera ser creíble han sido clave los equipos de Arte y Vestuario. Además de investigar sobre objetos, muebles, armas o túnicas, han recurrido a la casa italiana de atrezzo  “Rancatti”, que tiene un enorme catálogo de piezas de la Antigua Roma, para reproducir los materiales con los que escribían y las lámparas con las que alumbraban. También han conseguido introducir “algún objeto fetiche en el rodaje”, como una piel de leopardo de la película Cleopatra, o unas sandalias de La caída del Imperio romano.

En ese contraste entre fabricar tramas tan imposibles para la serie y proyectar una imagen que pudiera ser creíble ha sido clave el equipo artístico.
En ese contraste entre fabricar tramas tan imposibles para la serie y proyectar una imagen que pudiera ser creíble ha sido clave el equipo artístico.

Puede que con esta ficción, cuya primera temporada se estrena el 5 de abril y está compuesta por seis capítulos de menos de media hora de duración cada uno, no aprendamos historia de forma directa, pero, como concluyen sus creadores, “¿y si te provoca las ganas de aprender?”.

Víctor Úcar

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 246.

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