Dada su magnitud –quiso ser un universo novelesco que compitiera en precisión con el registro civil de Francia desde la Restauración borbónica hasta la Monarquía de Julio (1815-1830)–, La comedia humana fue una empresa condenada a quedar inacabada. Ante ella, hasta el inquebrantable afán de su autor, Honoré de Balzac, resultó insuficiente.
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