Asestar un golpe tajante, en el que el brazo describe un arco, es más natural para el ser humano que uno punzante. Ya Richard Burton, erudito, espadachín, arabista, explorador, militar, erotómano y mil cosas más, escribía en su Libro de la Espada, publicado en 1884, que sólo un entrenamiento riguroso enseña a sustituir el golpe de tajo por la estocada proyectada en profundidad desde el hombro, pese a que no hay duda de la superioridad de la segunda sobre el primero.
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