En la década de los 80 del siglo I a.C., un golpe de Estado acabó con el gobierno populista que Mario, tan buen militar como inepto político, había favorecido y apoyado, y bajo la protección de su caudillo, el dictador Lucio Cornelio Sila, la aristocracia senatorial retomó las riendas del gobierno en Roma. La represión subsiguiente –las sangrientas proscriptiones– se cebó sobre los partidarios de Mario, que fueron cayendo víctimas de la venganza o de la avaricia, dado que la muerte incluía la confiscación de las propiedades de los perseguidos. Uno de ellos, Quinto Sertorio, originario de Nursia, en territorio sabino, que había sido nombrado por el caído gobierno pretor de la Hispania Citerior, expulsado de su cargo por las tropas del nuevo gobernador silano, emprendió una tortuosa escapada que le llevó al norte de África.
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