El español que vive bajo el régimen de Franco es menos capaz de realizar una proeza de lo que nunca lo ha sido en toda su historia (…). Porque los españoles hace tiempo ya que perdieron la fe en los hombres… y en Dios”.

Con esta frase, el exiliado ruso blanco Vladímir Kovalevksi cerraba de forma abrupta unas memorias repletas de de­sencanto y frustración. Una visión amarga de su participación en la II Guerra Mundial junto a los nazis a través de la División Azul. Una reflexión crítica con la acción de los soldados españoles en su antigua patria y no exenta de resentimiento hacia el proceder de la Wehrmacht como ejército invasor.

Con su bagaje como voluntario en las filas rebeldes durante la Guerra Civil española -aunque participaron poco más de un centenar de rusos blancos fue uno de los conflictos más simbólicos para sus exiliados- y bajo una cosmovisión nacionalista e imperial rusa, este veterano anticomunista halló en la aventura divisionaria la oportunidad de volver a Rusia tras veinte años de ausencia para intentar acabar con el régimen que tanto denostaba.

Voluntarios de la DIVISIÓN AZUL en el frente del Este, en enero de 1941.

Una experiencia plasmada en un texto que los historiadores Núñez Seixas y Oleg Beyda han rescatado, traducido, revisado y contextualizado para que el lector acceda a un testimonio alejado de la edulcorada versión franquista y que confirma que, aunque las prácticas de los soldados españoles integrados en la 250.ª División de Infantería de la Wehrmacht no incluyeron represalias colectivas, sí hubo casos de pillaje, abusos sexuales o asesinatos de civiles.

Núñez Seixas, en Camarada invierno (Crítica, 2016), ya se había acercado a la División Azul a través de cartas, diarios y memorias, además de investigar en los archivos españoles, alemanes y rusos, con la idea de tejer un relato que permitiera palpar experiencias personales dentro de un contexto bélico.

Tropas de la División Azul combatiendo en el frente ruso.

En esta ocasión, aunque Kovalevski vierte juicios de valor poco contrastados y comete, según los autores, diversos errores en fechas, lugares y personajes -las memorias, además, están fechadas entre 1948 y 1951, es decir, prácticamente una década después de que los hechos tuvieran lugar-, su valor como fuente sigue siendo interesante. Más aún si tenemos en cuenta la escasez que existe de este tipo de testimonios.

Un ruso blanco en la División Azul. Memorias de Vladímir Kovalevski (1941)

Xosé M. Núñez Seixas y Oleg Beyda (eds.)

Madrid, Galaxia Gutenberg, 2019

280 págs., 21,90 €

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