El sobresaliente desarrollo económico operado en Europa occidental en la segunda mitad del siglo XIX generó nuevas clases –burguesía y proletariado– que se consolidarían al calor de las transformaciones operadas. Los problemas sociales derivados de las abismales diferencias económicas y de la ausencia de algunos derechos básicos de los trabajadores se manifestaron en la proliferación de partidos socialistas y sindicatos a la búsqueda, para aquellos, de mejores condiciones de vida y de mayor influencia en la sociedad.
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