En la segunda mitad del siglo XIX, en pleno debate sobre el naturalismo, la escritora Emilia Pardo Bazán afirmaba que la novela, género por excelencia del realismo literario, constituía “el traslado de la vida”, allí donde “los fueros de la verdad se imponen, la observación desinteresada reina y la historia de nuestra época ha de quedar escrita con caracteres de oro”. Mucho tiempo ha transcurrido desde aquella opinión, compartida por otros escritores, pero su vigencia sin duda puede descubrirse en los numerosos estudios que, en las últimas décadas, subrayan la fructífera relación entre Literatura e Historia y, singularmente, las aportaciones de la ficción novelesca al mayor conocimiento de un periodo histórico. Tamizados, eso sí, por la visión y creatividad artística propias de cada autor o autora, dichos escritos ofrecen valiosos testimonios sobre ideas, creencias, mentalidades, instituciones y comportamientos individuales y colectivos.
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