éxodo en Birmania
Éxodo rohingya hacia Bangladesh.

Birmania (oficialmente República de la Unión de Myanmar) es un país con una larga historia de conflictos étnicos. Su orografía montañosa y una naturaleza exuberante han mantenido aislada a la mayoría birmana budista, que habita la llanura central del río Irawaddy, de los demás pueblos de las regiones montañosas y de las zonas costeras. Asimismo, Birmania es un país estratégico en la coyuntura internacional actual, encajado entre China, la India y el estrecho de Malaca. El conflicto de los rohingya, por ejemplo, afecta directamente las relaciones de Birmania con Bangladesh y la India y, de forma indirecta, repercute en la lucha de poder entre China y los Estados Unidos para asegurarse los favores del Gobierno birmano. Pocos meses después de que el presidente chino Xi Jinping anunciara el plan para construir un corredor que conectará China, Birmania, Bangladesh y la India, uno de los proyectos clave de la estrategia china para reactivar la Ruta de la Seda, se producía la histórica visita de Barack Obama a Birmania en noviembre de 2014, la primera de un presidente de EE UU a este país.

Durante la entrevista entre el presidente norteamericano y la líder birmana Aung San Suu Kyi, ambos ganadores del Premio Nobel de la Paz, la parte estadounidense quiso reforzar el mensaje de apoyo a las reformas democráticas del país, aunque Suu Kyi avisó de un excesivo optimismo por parte de las potencias occidentales acerca del proceso de democratización. Un año después hubo elecciones y las ganó el partido de Suu Kyi, pero estas fueron irregulares y la Junta Militar siguió manteniendo importantes cuotas de poder. Por otro lado, Suu Kyi, al haber estado casada con un extranjero y tener hijos de otra nacionalidad, no ha podido acceder al cargo de presidenta. El aumento de la conflictividad étnica poco después de aquellas elecciones y, especialmente la persecución de los rohingya, una minoría que no tiene derecho a voto, ha deteriorado gravemente la imagen del país y, con ello, las expectativas de reformas democráticas. El carácter autoritario del Estado birmano, que niega la nacionalidad a la minoría rohingya y el acceso a la presidencia de Aung San Suu Kyi, ha quedado así puesto en evidencia.

Frontera con Bangladesh

Los rohingya pertenecen al estado de Rajine (antiguamente conocido como Arakán), una región birmana fronteriza con Bangladesh y cercana culturalmente al puerto de Chittagong. Como muchos pueblos costeros del océano Índico, los rohingya han recibido influencias diversas: del Imperio mogol y de los comerciantes árabes, chinos y europeos que han comerciado históricamente en el golfo de Bengala. Las montañas del Arakán han separado a los rohingya, de religión mayoritariamente musulmana y habla indoeuropea, de la mayoría birmana, de religión budista y lengua sino-tibetana.

Su carácter marítimo los distingue de otras minorías que viven en las montañas birmanas, como los kachin, chin, shan, karen y, más al sur, los mon. La diversidad étnica de Birmania ya fue utilizada en la época de colonización británica siguiendo la máxima del divide y vencerás, sobre todo durante las guerras birmanas (1824-26, 1852 y 1885), donde el Arakán fue un importante campo de batalla que fue cedido por el reino birmano a la East India Company en 1826. La región también se convirtió en un destino de la masiva migración de origen indio que acompañó a los británicos.

Mapa del extremo noroeste de la subregión del Sudeste Asiático en el que se observa el éxodo rohingya de Myanmar a Bangladesh.

La conexión fluvial de China con el océano Índico a través de Birmania fue uno de los factores clave que motivó la intervención conjunta de tropas chinas, indias, británicas y estadounidenses durante la ocupación japonesa de Birmania. Las tensiones entre comunidades y dentro de cada comunidad entre los que colaboraron con Japón, los nacionalistas birmanos y los que ayudaron al ejército británico, tiñeron de sangre la región del Arakán y produjeron grandes movimientos de población en la frontera, que se sumaron a los que ya se habían producido durante la colonización británica. Tras conseguir la independencia en 1948, Birmania quiso aislarse de las influencias exteriores y construir un nuevo país autárquico, con un nacionalismo fuerte, un claro dominio de la mayoría birmana budista y una clasificación un tanto inflexible de los grupos étnicos minoritarios.

Extinción de derechos

Durante el período democrático, los rohingya fueron aceptados como una etnia más, pero la instauración de la dictadura militar en 1962 supuso una gradual extinción de sus derechos hasta el punto de serles negada la nacionalidad birmana. La primera campaña de expulsión se produjo en 1978 y, desde entonces, se han ido repitiendo escenas de éxodo forzado en los años 1991-92, 2012 y, finalmente, entre 2015 y 2017. Actualmente, el Gobierno birmano no reconoce la existencia de un pueblo rohingya y sitúa el problema en términos de inmigrantes ilegales bengalíes. La porosidad histórica de la frontera entre Birmania y Bangladesh debido a su carácter selvático, la falta de censos y registros históricos fiables y el historial de migraciones y conflictos hacen difícil determinar qué parte de la población es originaria del antiguo Arakán y qué parte inmigró en algún momento de este periodo convulso que empezó en 1826. En cambio, la determinación del Gobierno birmano en expulsar a esta minoría ha sido un hecho comprobado por organizaciones internacionales que han dado la voz de alarma debido a la crisis humanitaria que está sufriendo la región.

Protestas de musulmanes de Indonesia frente a la embajada de Myanmar en Yakarta exigiendo el fin de la violencia contra la minoría rohingya del país, septiembre de 2017.

Tras un supuesto ataque rohingya a un puesto militar birmano en octubre de 2016 se produjo una contraofensiva del ejército que ha provocado varios miles de muertes y la emigración de entre medio millón y un millón de refugiados rohingya a Bangladesh. En diciembre de 2017, la Secretaría General de las Naciones Unidas calificó el conflicto de limpieza étnica y habló de genocidio. El Estado de Bangladesh, uno de los más pobres del continente asiático, ha dado acogida a estos refugiados en la medida de sus posibilidades, aunque se teme que la presión poblacional dé alas al radicalismo islámico y al creciente autoritarismo gubernamental. Por otro lado, la responsabilidad de Suu Kyi, en tanto que consejera de Estado de Birmania, se ha visto agravada tras realizar declaraciones donde minimizaba la violencia ejercida contra este pueblo y donde aseguraba que las campañas de exterminio se debían a prácticas antiterroristas. De este modo, la líder birmana se ha puesto del lado de sus antiguos enemigos de la casta militar y ha tirado por la borda el prestigio internacional que había ganado como defensora de los derechos humanos y de los valores democráticos.

Carles Brasó Broggi

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 231.

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