Ricardo García Cárcel
Ricardo García Cárcel durante la presentación de El demonio del Sur, donde analiza la Leyenda Negra

En su último ensayo, el historiador Ricardo García Cárcel disecciona un viejo síndrome, el de creer que los argumentos contra Felipe II, la llamada Leyenda Negra, se podían usar para desacreditar a España, y culpa a la falta de autoestima nacional de la resurrección de viejos complejos.

Pregunta. En su libro sobre Felipe II vuelve a insistir en la Leyenda Negra. ¿Considera que en España sigue siendo objeto de preocupación?

Respuesta. Estamos viviendo un auténtico revival del viejo concepto de la Leyenda Negra que popularizó Julián Juderías hace un siglo. En 1992, en plena euforia olímpica, escribí un libro intentando entonar el réquiem por una idea que me parecía, y me sigue pareciendo, propia del discurso victimista de una España objeto de persecución ajena, de la del “no nos quieren” y “qué hemos hecho para merecer esto”. Hoy tengo la impresión de que esta visión fatalista que creía superada está más viva que nunca.

P. ¿A qué lo atribuye?

R. La única explicación que se me ocurre es el retorno de la falta de autoestima nacional, la resurrección de antiguos complejos, la caza de fantasmas que nos persiguen con perversas intenciones. El problema de fondo es la perturbación ante los problemas de una identidad nacional presuntamente institucionalizada y consolidada en la Constitución de 1978, que ahora se somete a debate. La cuestión no radica en la actual imagen de España en Europa, que en general es buena, sino en las inseguridades que emanan de la articulación del Estado. De nuevo es la búsqueda del enemigo exterior para esconder nuestros propios problemas.

P. ¿Cómo surge la imagen del Demonio del Sur?

R. Esta imagen de Felipe II, elaborada en siglo XVI, fue popularizada por Voltaire en el siglo XVIII. Respondía a tres estigmas fundamentales: el del rey oscuro e incomprensible para muchos por su tortuosidad; el del fanático-déspota que pretende imponer una religión y unos valores a una Europa que empieza a desperezarse con sus monarquías nacionales, y el del parricida, presunto asesino de su hijo don Carlos.

P. ¿Por qué, con todo su poder, el rey no consiguió contrarrestar esta visión tan negativa?

R. Felipe II fracasó en su propósito de difundir la gloria de la monarquía, en la construcción del discurso de una leyenda blanca o rosa. Lo intentó, desde luego, y ahí está, por ejemplo, la Antiapología de Pedro Bermejo frente a la Apología de Guillermo de Orange. Pero esta derrota mediática, fundamental para entender la propia Leyenda Negra, hay que atribuirla no solo a las capacidades publicitarias de la estrategia protestante europea, sino a las críticas de una sociedad más tolerante que el rey. No fueron pocos los frentes de erosión de la monarquía: los conversos enfrentados a la Inquisición, los nobles desairados, los clérigos que asumieron mal el absolutismo confesional del monarca, los aragoneses que reivindicaban derechos forales… En este contexto, las figuras de Antonio Pérez y Bartolomé de Las Casas, clásicos arietes contra la imagen de Felipe II, son tan solo las puntas de un iceberg.

P. ¿La investigación sobre estos discursos enfrentados le ha llevado a modificar su imagen de Felipe II?

R. Pienso que en el libro aporto una visión mucho más compleja y profunda que la acuñada hasta ahora por el maniqueísmo simplista: el Demonio del Sur frente al Rey Prudente. Me ha interesado especialmente la problemática de las relaciones con su hijo primogénito.

P. Dedica a don Carlos un tercio de su texto. ¿Ofrece novedades sobre la figura del príncipe?

R. Analizo el caso de don Carlos a través de tres imágenes: la del príncipe enfermo; la de su trato con las mujeres (singularmente con su madrastra Isabel de Valois), y la del heredero rebelde. Se demuestra así que los graves problemas psicológicos del príncipe están vinculados a su accidente de 1562; que su imagen tradicional está muy condicionada por el esfuerzo interesado de su propio padre en justificar su final en base a una locura, a mi juicio distorsionada; que los amores con su madrastra han sido una pura invención literaria, y que el auténtico problema era de carácter político: don Carlos quería mandar demasiado pronto, jaleado y alentado por los enemigos del rey como presunta alternativa a España.

P. En el apéndice del libro se incluyen, traducidos por primera vez al español, textos clave en el origen de la Leyenda Negra. ¿Por qué tanto retraso?

R. Es una muestra más del viejo síndrome de la Leyenda Negra, del complejo de creer que la explicitación de los argumentos del discurso político contra Felipe II podrían ser utilizados para desacreditar a la propia España. Es la confusión entre monarquía y nación que ya denunció Manuel Azaña hace muchos años.

Asunción Doménech

*Entrevista publicada en La Aventura de la Historia, número 229.

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