Maldito tribunal! ¡Qué estupidez! ¿Por qué no permiten que yo asuma todas las culpas y dejan marchar a estos infelices: Funk, Fritzsche, Kaltenbrunner? Ni siquiera había oído hablar de ellos antes de llegar a esta prisión ¿Qué me importa a mí el peligro? Yo he enviado a la muerte a muchos soldados y aviadores. ¿Qué puedo temer? Como le he dicho al tribunal, soy el único responsable en todo lo que se refiere a las medidas oficiales del Gobierno, no a los programas de exterminio…”. Le confesaba el lugarteniente de Hitler, Hermann Goering, al psiquiatra Leon Goldensohn en la prisión del Palacio de Justicia de Núremberg, el 15 marzo de 1946, mediado el gran proceso contra los líderes nazis supervivientes a la II Guerra Mundial.
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