Desde el origen de la vida, la Tierra ha sufrido cambios de clima extremos: enfriamientos globales, como la glaciación Bola de Nieve, cuando los hielos cubrieron la totalidad del planeta, y calentamientos que la abrasaron. Con cada uno de ellos se produjeron extinciones casi completas de la mayor parte de las especies, que provocaron un “reseteo” de la vida y permitieron el desarrollo de nuevos prototipos, mejor dotados para sobrevivir. También ocurrieron numerosos cambios climáticos menos severos, que sirvieron para “retocar” la evolución biológica. En relación con la especie humana, los cambios del clima no solo condicionaron su evolución biológica, sino que determinaron su evolución cultural y gran parte de su historia.

Representación de ganado en una pintura rupestre del desierto argelino de tassili, que hace miles de años fue un vergel.

Hace doce mil años terminó la última glaciación y el planeta inició la nueva fase de calentamiento en la que vivimos: el Holoceno. Pero la bonanza climática de esta etapa se ha visto interrumpida por varios periodos de enfriamiento, denominados Eventos Bond, en honor al paleoclimatólogo que los descubrió. Hace ocho mil años se produjo un aumento de las temperaturas, que superaron las actuales, conocido como Óptimo Climático del Holoceno, y que persistió durante dos mil años. El calentamiento global, como ha ocurrido siempre en la historia del planeta, se acompaña de un aumento de la humedad y las lluvias y de un gran crecimiento de la vegetación y las poblaciones de animales. En esta ocasión provocó el reverdecimiento de los desiertos de África y de Asia, que se llenaron de ríos y lagos. Los seres humanos, cazadores y recolectores, fueron ocupando esas ricas sabanas siguiendo la abundancia de agua y de comida vegetal y animal. Numerosas pruebas geológicas y arqueológicas confirman los numerosos asentamientos humanos y su producción artística en lo que hoy son arenales estériles (Tassili).

Emigrantes climáticos

A este calentamiento le siguió un enfriamiento global, el Evento Bond 4, que comenzó hace seis mil años y que trajo frío y sequía. Los desiertos se secaron y la población se desplazó hacia los lugares en los que había agua y alimentos. Estos oasis gigantescos se establecieron en las riberas de los grandes ríos Nilo, Tigris, Éufrates, Indo, Ganges, Yangtsé y Huang He. La acumulación, por primera vez en la historia, de grandes masas de “emigrantes climáticos” en sus márgenes dio lugar al nacimiento de los “imperios fluviales”. Estos prosperaron gracias a un nuevo periodo de calentamiento y bonanza y sufrieron su primera crisis hacia el año cuatro mil, cuando volvió la sequía y el hambre con el enfriamiento denominado Evento Bond 3.

Pero los imperios volvieron a recuperarse y se refundaron durante un nuevo periodo de bonanza climática, hasta que fueron sacudidos por el frío y el hambre del enfriamiento Evento Bond 2, hace unos tres mil años. Esta vez, el frío, la sequía y el hambre empujaron a las tribus del centro de Europa a desplazarse hacia el sur, los denominados “pueblos del mar”, que llegaron con sus poderosas armas de hierro.

El nuevo calentamiento que se inició hace dos mil quinientos años, con temperaturas medias superiores a las actuales, trajo el agua y la abundancia a toda la ribera norte y sur del Mediterráneo y permitió el desarrollo del Imperio romano. Sus legiones, bien alimentadas con los cereales del norte de África, salieron de la península italiana y cruzaron, gracias al calentamiento, unos Alpes sin hielo y conquistaron casi toda Europa y parte de Oriente Próximo. En el año 300 de nuestra era comenzó un nuevo enfriamiento. Este, la sequía y el hambre empujaron a los pueblos del norte de Europa a viajar hacia la próspera península italiana, desatando una nueva oleada de emigrantes climáticos que acabaron con el Imperio romano de Occidente.

El frío alcanzó su punto álgido en el año 550 de nuestra era, acrecentado con la tremenda erupción del volcán Llopango en Centroamérica. Esas condiciones de frío y hambruna favorecieron la aparición de la llamada plaga de Justiniano.

Infografía sobre las variaciones del clima. Fuente: National Academy of Science, 2006.

Hacia el año 600 comenzó un nuevo calentamiento que trajo abundancia y bienestar a Europa y alcanzó un punto máximo hacia el año 1000. Durante este “calentamiento medieval” se crearon las principales ciudades europeas, las universidades y las catedrales, y reinó la abundancia y la prosperidad. Pero esta no duraría mucho. Hacia el año 1300, coincidiendo con las llamadas “grandes lluvias de Pascua”, se inició el Evento Bond 1, conocido como “la pequeña Edad de Hielo”.

Sobre el hielo, por Hendrick Avercamp, 1610, La Haya, Royal Picture Gallery Mauritshuis.

Su causa más probable fue una disminución de la actividad solar denominada mínimo de Maunder, por el astrónomo inglés que la descubrió estudiando las manchas solares. Hacia el año 1700, el frío y la sequía eran tan extremas que los campesinos se morían de hambre y hasta se han documentado casos de canibalismo. El punto más frío se alcanzó hacia 1750, agudizado por la erupción del volcán islandés Laki, que llenó de espesas cenizas los cielos europeos. El terreno estaba climáticamente bien abonado para el triunfo de las revoluciones burguesas. La magnitud del frío de aquellos años nos lo muestran numerosos hechos históricos, como el que sucedió el 30 de enero de 1795, cuando una compañía de caballería de húsares franceses capturó a una poderosa flota aliada que se encontraba inmovilizada por el hielo frente al puerto de Ámsterdam. En 1815 se produjo la erupción del volcán Tambora en la isla de Java, que cubrió todo el planeta de polvo y provocó el llamado año sin verano, inmortalizado por el pintor W. Turner en su obra El canal de Chichester. El frío continuó hasta 1840, cuando desencadenó la hambruna de la patata, que dio origen a una gran masa de nuevos emigrantes climáticos que huyeron hacia la bonanza del Nuevo Mundo. A partir de 1890, el planeta comenzó a calentarse, con altibajos, una tendencia que continúa en la actualidad.

El canal de Chichester, por Joseph Mallord William Turner, 1828.

Contribución humana

¿Cuál es la previsión de cara al futuro? Hoy día los paleoclimatólogos conocen muy bien las temperaturas medias y las concentraciones de gases invernadero que ha soportado el planeta en los últimos ochocientos mil años. Se lo debemos a las capas de hielo de la Antártida y de Groenlandia. Constituyen un anuario en el que los científicos encuentran en cada página los gases que componían la atmósfera de cada año, atrapados en las burbujas del hielo. Y muestran que el clima en el último millón de años ha experimentado oscilaciones cíclicas en la temperatura y en los niveles atmosféricos de anhídrido carbónico y metano. Estos ciclos iban desde calentamientos superiores al actual, con niveles elevados de gases invernadero, hasta los fríos extremos de las glaciaciones, con niveles muy bajos de anhídrido carbónico y metano en la atmósfera. Estos ciclos de Milankovick tienen una periodicidad de cien mil años. Y todo sugiere que en la actualidad nos encontramos en la rama ascendente de una nueva fase de calentamiento que comenzó hace unos veinte mil años, cuando se alcanzó el llamado Último Máximo Glacial. Quizá, en esta ocasión, acrecentados por la contribución antropogénica.

José Enrique Campillo Álvarez

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 238.

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