César llegó a Roma cerca del final de julio de 46 a.C. El Senado ya había aprobado por votación la impresionante cantidad de cuarenta días de acción de gracias en honor de su última victoria, que, con mucha diplomacia, consideraron que había tenido lugar sobre el rey Juba y no sobre sus aliados romanos. Era el doble de los días que se habían otorgado incluso por la derrota de Vercingetórix. Catorce años antes, César había renunciado al derecho a celebrar un triunfo en su lucha por el consulado. Ahora, tras semanas de frenéticos preparativos, celebró nada menos que cuatro triunfos, sobre la Galia, Egipto y el Nilo, Asia y el rey Juba y África.
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