En el ámbito europeo, tanto durante el Medievo como en el Renacimiento, era un hecho habitual el de la reutilización de los sarcófagos romanos. En nuestro país conocemos el antecedente de la reutilización del sarcófago de la catedral de Astorga, qué en el año 910, contuvo los restos del rey asturiano Alfonso III el Magno. En Aragón, los reyes en las primeras décadas del siglo XI eligieron para ser enterrados el monasterio de San Juan de la Peña, lugar sagrado desde antiguo, de gran singularidad y belleza. Allí fueron enterrados junto con sus familias Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, sus esposas y algunos infantes; también decidieron ser enterrados allí los principales nobles aragoneses de la época y los personajes más próximos al monarca.
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