Lepanto, la gran batalla naval

El 7 de octubre de 1571, la flota de la Santa Liga logró una victoria decisiva sobre los turcos. Analizamos los ingredientes de aquel triunfo que frenó la expansión mediterránea del Imperio otomano

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En la segunda mitad del siglo XVI, el Imperio turco dominaba el Mediterráneo. España e Italia sufrían directamente la presión otomana. Los turcos capturaron las plazas españolas en el Norte de África; en 1565 atacaron Malta; en 1570 ocuparon Chipre, posesión veneciana; España sufrió la revuelta de los moriscos granadinos, con el temor de que el sultán de Constantinopla la apoyara. Felipe II, consciente del problema que representaba la supremacía otomana en el Mediterráneo, decidió reforzar su poder naval construyendo galeras en sus astilleros de Barcelona, Palermo y Mesina.

En 1566 fue elegido papa Pío V, quien, consciente del peligro que suponía el avance otomano, decidió organizar una gran alianza de estados cristianos para detenerlo. Con su tesón y diplomacia, logró que España y Venecia superaran reticencias y rivalidades y accedieran a formar, junto al Papado y los Caballeros de Malta, una Liga.

LAS CLAVES

LOS HECHOS. Ante el avance del poderío turco por el Mediterráneo, Felipe II reforzó su flota y Pío V promovió una alianza para frenarlo.

FUNDAMENTAL. Resultó la unidad de mando adjudicada a Juan de Austria y la capacidad de éste para dejarse aconsejar.

CONSECUENCIAS. Inicialmente pareció que no había ocurrido nada, pero enseguida se advirtió el retroceso otomano.

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Antonio Atienza
Antonio Atienza
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