A escasos 11 kilómetros del Parque Natural de las Tablas de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real, se encuentra la llamada Motilla del Azuer, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de toda la comarca de La Mancha, declarado Bien de Interés Cultural en 2013. Recibe dicho nombre debido a su topografía y arquitectura, pues el topónimo “motilla” se refiere a los montículos artificiales de entre 4 y 10 metros de altura, fruto de asentamientos amurallados concéntricamente y situados en espacios eminentemente llanos, cerca de ríos o humedales.

Emplazado en la vega del río Azuer, este yacimiento es el mejor estudiado y el más importante de la zona. En toda la comarca se tiene constancia de 32 yacimientos arqueológicos similares, de los cuales 29 se encuentran en la provincia de Ciudad Real, uno en la de Toledo, otro en la de Cuenca y otro más en la de Albacete (las cuales podrían forman una red sociocultural y económica de llamativa complejidad). Estos yacimientos son tan importantes que incluso se ha acuñado el término “Bronce Manchego”, existente entre 2200 y 1300 a.C. La Motilla del Azuer es uno de los ejemplos más espectaculares y representativos de dicha Edad del Bronce, no solo en la península, sino a escala europea, pues las motillas pueden considerarse el más antiguo sistema de aprovechamiento de aguas de Europa. La función de esta curiosa fortificación era la de gestionar comunitariamente el poblado circundante, permitiendo el control y acceso a recursos básicos, asegurando con ello, tanto el abastecimiento de agua y el almacenamiento de provisiones agropecuarias como el control sobre el tránsito de las rutas naturales.

Vista aérea del pozo fortificado del yacimiento.
Vista aérea del pozo fortificado del yacimiento.

Este asentamiento, sito en el término municipal de Daimiel, tanto por su monumentalidad como por su función, es un magnífico ejemplo de este paradigmático tipo de construcciones. Sus singulares características, así como las estructuras de su fortificación, con muros de mampostería que tienen más de 8 metros de alzado, son las que confieren a este yacimiento su carácter relevante. Al igual que en las restantes motillas catalogadas, su especial configuración responde a un profundo intento de adaptación frente a las peculiares condiciones geoecológicas del paisaje manchego.

Un fascinante laberinto

El mon­tículo de la fortificación de Motilla del Azuer tiene un diámetro de unos 40 metros, integrado por una torre central desde la que se despliegan tres líneas concéntricas de murallas y un gran patio. Es también alrededor de dicho montículo donde se distribuían las casas del poblado y la necrópolis. La comunicación interior desde la torre se realizaba gracias a una serie de rampas embutidas en altos pasillos de mampostería dispuestos concéntricamente, otorgándole de este modo al yacimiento su fascinante aspecto de laberinto.

Alrededor de la torre se entretejerían los dos ambientes principales del yacimiento. Uno, en la parte occidental, cuya función sería el almacenamiento y procesado de cereales a gran escala (básicamente de trigo y cebada), estabulación de ganado y producción de cerámica y otros productos artesanales. En la parte oriental se ubica el patio, de planta trapezoidal, dentro del cual se encuentra un gran pozo de 16 metros de profundidad (descubierto en 2005), considerado el más antiguo de la Península Ibérica, que perforaba la terraza aluvial y permitía recoger el agua del nivel freático.

Alrededor de la fortificación estarían dispuestas las viviendas, en un radio de unos 50 metros. Estas serían de planta oval o rectangular, entre las que se dispondrían áreas abiertas para almacenamiento y trabajos de producción. De igual modo, y dado que el patrón funerario es similar en toda la cultura de la Edad del Bronce, los enterramientos se hacían de manera individual en el interior de los asentamientos, en pequeñas fosas que a menudo se adosan a los muros de las casas o en los aledaños de la fortificación (de ahí que en un principio las motillas se considerasen necrópolis). Por los restos antropológicos encontrados, la sociedad que rodeaba al yacimiento abarcaría ambos sexos y todos los segmentos de edad.

Los enterramientos en el interior de las motillas –135 detectados– manifiestan su fuerte simbolismo. Fotografías: Ayuntamiento de Daimiel / José Antonio Alcázar.
Los enterramientos en el interior de las motillas –135 detectados– manifiestan su fuerte simbolismo. Fotografías: Ayuntamiento de Daimiel / José Antonio Alcázar.

La existencia de enterramientos en el interior de las motillas –135 difuntos detectados para un periodo de ocupación de aproximadamente ochocientos cincuenta años, varios de ellos con vasos cerámicos y otros elementos de ajuar, incluidas piezas metálicas de cobre o plata, u ofrendas cárnicas como patas de ovicáprido– pone de manifiesto que las motillas no fueron meros pozos, sino lugares dotados de una fuerte carga simbólica cuyo significado social todavía es objeto de interpretación.

Larga sequía

A partir de los resultados obtenidos en las paulatinas excavaciones, se puede deducir que las motillas estaban ocupadas por grupos reducidos de población (en concreto, en Motilla del Azuer alrededor de los 100 individuos). Tanto su entretejido topográfico en toda la comarca como la regularidad de sus patrones de asentamiento, y teniendo también en cuenta la presencia de otros tipos de asentamientos contemporáneos en poblados de altura situados en las sierras vecinas, lleva a plantear la hipótesis de un sistema político con una importante jerarquización social. Esto es lo que mantiene el libro Arqueología, hidrogeología y Medio Ambiente en la Edad del Bronce de La Mancha: la cultura de las motillas, publicado por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Este estudio multidisciplinar (desarrollado por doce investigadores) aporta una completa revisión sobre la cultura de las motillas o Bronce de La Mancha, barajándose la hipótesis de que fue una sequía prolongada en el tiempo durante siglos la que llevó a construir los primeros pozos fortificados en torno a túmulos (las primeras motillas), pudiendo así abastecerse del agua contenida en el acuífero.

Este estudio añade además la teoría de que dichos túmulos tendrían también una función religiosa, formando a su vez una red de monumentos orientados astronómicamente en los que se habrían realizado complejos rituales (depósito de ofrendas, enterramientos de los difuntos y traslado de sus huesos una vez esqueletizados, etcétera).

Yacimiento de la Mozilla del Azuer.
Yacimiento de la Mozilla del Azuer.

La sociedad del Bronce manchego se cree que estaba organizada en jefaturas, esto es, desde los grandes poblados fortificados, los jefes dominarían la producción y control de materias primas, así como la distribución del primordial agua. Dada la disposición topográfica de la zona, se puede inferir una constante disputa territorial por el control y acceso a esos recursos. La red de motillas datadas establece una ordenación más de interdependencia que de subordinación entre las comunidades que la poblaban, pudiendo existir relaciones de comercio e intercambio con mayores centros neurálgicos, aunque supeditadas siempre al objetivo de mantener el control del territorio.

Por todo ello, Motilla del Azuer se presenta como un yacimiento crucial para la total comprensión de dicho periodo. La peculiaridad de su arquitectura, los ecos mitológicos de su geometría y la singularidad de su entorno ecográfico, hacen de ella un destino sumamente atractivo.

Juan Miguel Contreras

*Artículo publicado en La Aventura de la Historia, número 217.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here