Durante los siglos XIV, XV y XVI, los torneos y justas llegaron a adquirir la categoría de suntuosas fiestas públicas. Más que auténticos enfrentamientos armados, podemos definirlos como una suerte de “deporte” o acto lúdico que, sin estar exento de peligro, servía a los caballeros para mantenerse en forma y demostrar sus habilidades.

Por el contrario, el desafío, el reto y el duelo sí constituían enfrentamientos en los que se dilucidaban a muerte asuntos de honor, y que llegaron a ser tan comunes, especialmente en los siglos XVI y XVII, que, ante la imposibilidad de ser erradicados, tuvieron que someterse a unas reglas no siempre cumplidas.

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