Quiere la tradición que ¡Santiago y cierra España! era el grito de guerra de las tropas cristianas cada vez que arremetían a los moros, desde que el apóstol interviniera directa y activamente en la famosa batalla de Clavijo. Es una estampa bien grabada en el imaginario colectivo de los españoles, a pesar de su carácter indudablemente fantástico (¿o precisamente por ello?). La imagen de Santiago Matamoros, desde la que muestran los ingenuos retablos de multitud de iglesias de pueblo (sobresaliente la de Figueras de Castropol, en la ría del Eo) hasta las representaciones con pretensiones, como La Batalla de Clavijo, de Casado del Alisal en la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid, nos resulta de lo más familiar.
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