Retratos del emperador Carlos V y la emperatriz Isabel de Portugal, por Tiziano.
Retratos del emperador Carlos V y la emperatriz Isabel de Portugal, por Tiziano.

Claves: Una larga negociación y el empeño de los contrayentes, Carlos V e Isabel de Portugal, hicieron posible hace quinientos años un matrimonio que marcó la primera parte del reinado del césar. Tres especialistas explican la llegada a España de la princesa, la celebración de la boda en Sevilla, su luna de miel en Granada y las ciudades en las que la emperatriz vivió y gobernó, durante las ausencias de su esposo, hasta su prematura muerte.

Portada del número 329 (marzo de 2026) de la revista La Aventura de la Historia, ilustrada con dos retratos del emperador Carlos V y de la emperatriz Isabel realizados por Tiziano.
Portada del número 329 (marzo de 2026) de la revista La Aventura de la Historia, ilustrada con dos retratos del emperador Carlos V y de la emperatriz Isabel realizados por Tiziano.

Isabel de Portugal tenía veintidós años y tres meses cuando abandonó para siempre Portugal, en febrero de 1526. Los trece siguientes los pasó en España, como emperatriz, tras su matrimonio con Carlos V en marzo de ese mismo año, hace cinco siglos. En compañía de su esposo o sin él, desde su entrada por tierras extremeñas y hasta su prematura muerte en el palacio de Fuensalida (Toledo) en 1539, a los treinta y nueve años de edad, la reina recorrió con su corte itinerante más de cinco mil kilómetros por la Península.

Preocupada por su salud y la de sus hijos, durante ese tiempo residió en más de ochenta villas y ciudades, huyendo, sobre todo, de los brotes de peste. En algunas fue extremadamente feliz, como en Sevilla, donde se celebró la boda imperial; Granada, en la que los recién casados residieron durante seis meses tras su enlace, o Valladolid, donde en 1527 nació el futuro Felipe II.

Esta última, junto a Toledo y la villa de Madrid (en la que más tiempo acabaría residiendo) se convirtieron a partir de 1535 en el lugar preferente de la emperatriz para vivir y gobernar durante las ausencias de su esposo: la marcha del césar a Europa y a la campaña de Túnez obligaron a Isabel a ejercer la regencia a lo largo de más de siete años, un tiempo que a la soberana se le hizo interminable y afectó a su salud física y mental.

Con motivo del quinientos aniversario del enlace entre Carlos V y su “muy querida y amada esposa”, tres especialistas abordan en el Dossier que publicamos este mes la larga negociación que hizo posible un matrimonio que marcó la primera parte del reinado del emperador, la llegada a España de la princesa, la celebración de la boda y las ciudades en las que la emperatriz vivió.

Oferta de suscripción a la revista de historia La Aventura de la Historia, del mes de marzo de 2026.
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