Salvador Dalí tenía 29 años cuando Hitler llegó al poder y se convirtió en el canciller nazi de Alemania. En la pintoresca localidad pesquera de Port Lligat, en la Costa Brava, el pintor llevaba la vida de un joven artista a punto de convertirse en un éxito internacional. Era un hombre afeminado, tímido, suspicaz y apasionadamente interesado por la teoría de Freud sobre la interpretación de los sueños. Dalí estaba obsesionado por sus recuerdos infantiles de burros en descomposición, carretillas, una jirafa ardiendo, esperma y velas con llama titilante. Pintó un retrato de sí mismo a los cinco, asustado por la vida. En aquellos años no tenía mucho dinero. El mercado para la obra de Dalí era muy limitado. Si quería enriquecerse, tenía que comercializarse y establecerse en América.
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