A pesar de las críticas que el Diccionario Biográfico Español recibió del mundo académico y profesional en el momento de su publicación (2011), la Real Academia de la Historia (RAH), que dirigía entonces Gonzalo Anes, decidió no rectificar sus contenidos más controvertidos sobre importantes protagonistas del siglo XX español, como Francisco Franco o Manuel Azaña. En 2015, la actual directora de la RAH, Carmen Iglesias, se comprometió a realizar esos cambios tan demandados, al menos en la página Web de la institución.

Sin embargo, han pasado tres años hasta que la propia Iglesias ha confirmado que un total de 50.000 biografías estarán accesibles en formato digital a partir de este mes de mayo. A continuación, varios académicos e historiadores que no participaron en el Diccionario Biográfico Español valoran la obra y las presumibles modificaciones que en su versión online se avecinan siete años después de la publicación de sus primeros tomos.

Valor innegable, utilidad cuestionada

Sobre un proyecto que contiene 50 volúmenes con 40.000 biografías de personajes relevantes en la historia de España, pertenecientes a todo tipo de ámbitos, disciplinas y saberes, y con una cronología que abarca desde el siglo IV a.C. hasta la actualidad, parece estéril debatir su valía. «No creo que nadie haya discutido seriamente el valor del Diccionario Biográfico Español en términos generales», señala Ángel Viñas, coordinador de En el combate por la Historia, la obra que en 2012 trató de dar una alternativa al supuesto sesgo ideológico del proyecto de la RAH. «El valor potencial de un diccionario biográfico de ese volumen y dimensiones es innegable», apunta también el catedrático de Historia Contemporánea y Premio Nacional de Historia 2017 Enrique Moradiellos. Con esa misma idea, el historiador Julio Gil Pecharromán destaca «la enorme cantidad de resúmenes biográficos, a cargo de especialistas en la temática de cada personalidad, con referencias bibliográficas relativamente actualizadas» que según su parecer hacen del diccionario una «obra de consulta enciclopédica muy útil».

Enrique Moradiellos: "Si se hacen esas rectificaciones, el diccionario se convertirá en una referencia básica para el conocimiento de las biografías españolas con plena justicia"
Enrique Moradiellos: «Si se hacen esas rectificaciones, el diccionario se convertirá en una referencia básica para el conocimiento de las biografías españolas con plena justicia» 

Tampoco pone en tela de juicio su utilidad David Solar. Aunque el exdirector de La Aventura de la Historia sí que ve necesaria «una mayor accesibilidad y una revisión que aquellas entradas denunciadas por su inexactitud, partidismo, tendenciosidad o falta de rigor histórico». Entre ellas la más controvertida fue la de Franco, redactada por el medievalista Luis Suárez -cercano a la fundación que lleva el nombre del general-, que le da un tratamiento de «Generalísimo» o de «Jefe de Estado», pero en ningún caso de dictador (en la Web sí aparece ya con esa denominación). «Si tras la polémica que se originó en su momento la RAH acepta ahora que hay que modificar aspectos importantes del diccionario quiere decir que muchas cosas fallaron en el plan y ejecución de esa magna obra», afirma, por su parte, el catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova.

Una obra de referencia

En su página Web, la RAH resalta que, además de ser el primer diccionario de biografías para el mundo hispánico, la obra está entre las más importantes de su género. Y entre ellas, la referencia para los expertos sigue siendo su homólogo británico, el Oxford Dictionary of National Biography, un proyecto con más de 50.000 biografías que ha ido actualizándose -tanto en papel como en la Red- desde las últimas décadas del siglo XIX, con añadidos periódicos y detalladas entradas de los personajes más importantes de la vida social, política y cultural del país. Algo que para Moradiellos lo convierte en «un recurso informativo crucial que proporciona datos, fechas, contextos y circunstancias de una ingente cantidad de personas de todo tipo, siempre a cargo de autores cuya labor está filtrada por los editores y se atiene a varias pautas metodológicas muy precisas». Por eso a su juicio «no habría nada que objetar a una obra que pretendiera cumplir esos mismos cometidos para la historia de España».

En una perspectiva analítica el historiador debe juzgar, pero con criterios científicos comúnmente aceptados
Ángel Viñas: «En una perspectiva analítica el historiador debe juzgar, pero con criterios científicos comúnmente aceptados»

Sin embargo, Viñas considera que si la intención era emular a la edición británica «la RAH fracasó claramente como institución», porque «se saltó a la torera sus propias normas de calidad precisamente en las entradas en las que el cuidado debería haber sido más extremado, es decir, las relacionadas con la República, la Guerra Civil, el franquismo y la Transición». En este sentido, Casanova también se muestra muy crítico con la Academia, que recibió más de seis millones de euros de fondos públicos para el proyecto: «El diccionario contó con un apoyo institucional muy notable y se supone que estaba diseñado para convertirse en una obra de referencia. Ocurrió, por el contrario, que algunos colaboradores no ejercieron de historiadores, sino de abogados y propagandistas». Para el historiador aragonés, en vez de «reconocer sus errores» la RAH «tomó el camino de la confusión y el de la falta de transparencia».

Entonces, ¿el diccionario ha servido únicamente para crear polémica en la opinión pública o es realmente una buena herramienta de consulta? «La obra, en su conjunto, es una excelente herramienta de trabajo», señala Gil Pecharromán, quién personalmente considera que «la polémica tuvo un componente mediático muy intenso, pero de breve duración, y que se centró en muy pocas aportaciones, que contenían afirmaciones u omisiones de más que dudosa oportunidad». Para Viñas, la RAH debe aplicar las normas que dictó: «Reducir los juicios de valor extremadamente favorables a muchos de los prohombres franquistas, y negativos para sus oponentes, y poner de relieve los puntos relevantes».

Julio Gil Pecharromán: "En Historia no debe existir el pensamiento único. La Verdad Revelada no es una categoría historiográfica, sino religiosa"
Julio Gil Pecharromán: «En Historia no debe existir el pensamiento único. La Verdad Revelada no es una categoría historiográfica, sino religiosa»

David Solar va más allá. Sostiene que no solo deben revisarse a fondo las entradas relativas a II República, Guerra Civil o Franquismo, sino también «aquellas biografías irrelevantes o desmesuradas», que según él «parecen incluidas por amiguismo cuando no espacios publicitarios comprados». Además, algunas decisiones en cuanto a su formato fueron «muy poco acertadas», según Moradiellos, que pone como ejemplo que se haya incluido a personas vivas en el diccionario o «la falta de un filtro editor» en algunos textos.

¿Una Wikipedia académica?

Actualmente no existe todavía una versión digital del Diccionario Biográfico Español. Si accedemos a la página Web de la RAH encontraremos un índice alfabético de personajes, pero solo ofrece acceso a datos muy básicos, como las fechas de nacimiento y defunción, nombre y apellidos o aquellas disciplinas profesionales que desempeñó el personaje buscado. Sin embargo, si se confirman las intenciones de la presidenta de la institución, el próximo mes de mayo los usuarios podrán acceder de forma gratuita a amplias descripciones corregidas en la versión online, aunque no a todas. «El libre acceso por medio de internet al Diccionario Biográfico Español, rectificado, enmendado y depurado sería, quizá, la mayor aportación que la RAH podría hacer al mundo de la cultura y de la Historia», asegura David Solar, que no duda en añadir que la obra podría convertirse en «una herramienta que desterraría de Internet decenas de miles de entradas que merecen entrar en la antología del disparate». Enrique Moradiellos también mantiene que si la RAH aprovecha las facilidades que hoy en día ofrecen las técnicas de edición digital y realiza esas mejoras y rectificaciones «el diccionario se convertirá en una referencia básica para el conocimiento de las biografías españolas con plena justicia».

David Solar: "El libre acceso a la obra online, rectificada y depurada, desterraría de internet miles de entradas que merecen entrar en la antología del disparate"
David Solar: «El libre acceso a la obra online, rectificada y depurada, desterraría de internet miles de entradas que merecen entrar en la antología del disparate»

Por otro lado, Ángel Viñas considera que «sería suficiente» si la obra, al introducir los cambios demandados en la Red, lograse convertirse en «una referencia fiable para los historiadores». No obstante añade: «Si yo fuese estudiante y quisiera conocer algo de alguna figura del siglo XX español, me contentaría con Wikipedia». Una postura que no comparte Gil Pecharromán. El profesor titular de Historia Contemporánea en la UNED cree que muchos de los artículos de La enciclopedia libre, al ser realizados en buena medida por voluntarios y aficionados, «contienen errores de datos o de apreciación» que la obra de la RAH podría subsanar «con fiabilidad». Aunque también sostiene que la institución «debería adoptar la capacidad de admitir discusión en la Web y de actualizar determinados contenidos», tal y como hace Wikipedia.

Julián Casanova: "Como toda la polémica sobre el diccionario, la sociedad ya no necesita guardianes de las esencias de la historia"
Julián Casanova: «Como toda la polémica sobre el diccionario, la sociedad ya no necesita guardianes de las esencias de la historia»

Por su parte, Julián Casanova considera que lo mejor sería «abandonar directamente esa empresa de revisión». El catedrático de Historia Contemporánea por la Universidad de Zaragoza cree que «la sociedad ya no necesita guardianes» y aboga por que el diccionario «se quede como está»; que se reconozca «la gran inversión de esfuerzo y dinero que se hizo, con colaboradores que hicieron muy bien su trabajo y con otros que todo lo que aportaron fue una versión deformada y mutilada de la historia y de sus métodos críticos más elementales».

De este modo, tendremos que aguardar un mes para comprobar si las modificaciones que la Real Academia de la Historia ha prometido llevar a cabo en la versión digital de su ambicioso proyecto logran una mayor aceptación entre historiadores, expertos y público en general, o si por el contrario continúan siendo un gran foco para la polémica.

Víctor Úcar

 

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