La mayor parte de los estudios sobre Hernán Cortés o Francisco Pizarro cae en el maniqueísmo de considerarlos o bien actores de grandes hazañas o, por el contrario, bárbaros genocidas. El que acaba de publicar Esteban Mira Caballos sobre el conquistador del Perú escapa a esa dinámica aproximándose a la vida y la actuación del explorador y guerrero de Trujillo en su contexto, como corresponde a la labor del historiador, que no es sino la de ser un periodista del pasado que debe buscar hechos y exponerlos dejando el juicio al lector, aunque no eluda el análisis y las reflexiones personales, pero presentándolas como tales en un ejercicio de honestidad intelectual.

Para abordar al personaje, el texto se aproxima a la mentalidad del guerrero español de principios del siglo XVI, que aún se mueve en los parámetros ideológicos que inspiraron la Reconquista, terminada no hacía mucho, y ve en el indio americano a un infiel similar al musulmán derrotado en la península ibérica. Desde esa premisa de contribuir a una misión religiosa, a la que hay que añadir el nada disimulado afán de enriquecimiento, se presenta a los protagonistas españoles de la conquista, quienes no tenían reparos en sembrar el terror a su paso, igual que hacían los incas a los que se enfrentaron para someter a los otros pueblos de su imperio.

Francisco Pizarro.
Francisco Pizarro.

Inseparable Pizarro y su destrucción del mundo incaico, para entenderlos a ambos la obra describe el momento en que se encontraba el Tahuantinsuyu a la llegada de los españoles, en plena guerra civil entre Atahualpa y su hermano, y aventura el autor que de haber llegado el contingente español unos meses después, con la contienda terminada, no habría tenido tanta facilidad en descabezar el incario.

La narración del jaque mate que Pizarro, con menos de 200 hombres, tendió al inca, apoyado por un ejército de 30.000, en Cajamarca y la orgía de sangre que se sucedió es trepidante, como lo es el ritmo de torturas, matanzas, venganzas y saqueos, tanto en la conquista como en las posteriores guerras civiles entre los españoles partidarios de Almagro y de Pizarro. Una sucesión de conjuras, traiciones, ajusticiamientos ejemplarizantes y derramamiento de sangre digno de una tragedia shakesperiana y que da buena idea del altísimo grado de violencia en que vivían tanto los recién sometidos como los propios conquistadores españoles, siempre a la greña por el reparto del botín y la lucha por el poder.

Interesará al lector la descripción del proceso de fundición del oro y la plata de los incas y su reparto, como conocer la importancia del botín sexual que obtenían los españoles, un aspecto de la conquista que otros historiadores han pasado por alto y del que esta obra subraya su importancia como una de las razones de la soldadesca para lanzarse a la aventura americana.

La ciudad de Cuzco.
La ciudad de Cuzco.

Los logros militares de Pizarro, que murió asesinado cumpliendo el adagio de que quien a hierro mata a hierro muere, son sorprendentes considerando la pequeña tropa que comandaba en proporción a la sus enemigos, pero una vez llegados los europeos al continente la suerte de los amerindios estaba echada. Aunque los españoles no sembraran el terror por simple sed de sangre sino para controlar a la población, pues querían a los nativos vivos para que trabajaran para ellos, en 1590, 60 años después de la llegada de Pizarro, la población del imperio inca había descendido en más de un 80 por ciento (pág. 202) en gran media por los estragos que causaron las enfermedades que portaban los invasores.

A día de hoy, la consecuencia de la conquista es la existencia de un mundo donde, en palabras del autor, “sigue existiendo un sentimiento de nostalgia, quizás idealizado, hacia el mundo incaico”, y donde los descendientes directos de los vencidos siguen “excluidos en un cierto grado y acuciados por la pobreza” en una sociedad donde los criollos de origen europeo son el 15%, los indios el 30, los mestizos el 44 y los afrodescendientes el 9%.

Con una lista amplia de fuentes y bibliografía y más de mil notas, el libro es una lectura tan erudita como conmovedora.

Arturo Arnalte

Francisco Pizarro. Una nueva visión de la conquista del Perú

Esteban Mira Caballos

Barcelona, Crítica, 2018

412 págs., 23,90 euros

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