En noviembre de 1950, apenas un mes después de abrir sus puertas, el Instituto de Belleza Francis lanzaba un espacio radiofónico concebido como plataforma comercial para vender sus productos y que funcionaba también como consultorio moral y social para las españolas de la posguerra. Durante las más de tres décadas que estuvo en emisión –primero en las ondas de la Cadena SER, más tarde en las de Radio Nacional de España-, este programa diario de menos de media hora de duración radió unas 60.000 cartas de las más de un millón que recibió (actualmente solo un 10 % de las 100.000 que se han logrado rescatar del deterioro son las que están catalogadas y digitalizadas).

Una de las cartas enviadas al consultorio de Elena Francis.
Una de las cartas enviadas al consultorio de Elena Francis.

Elena Francis, un personaje ficticio interpretado por distintas locutoras, tenía la misión de aconsejar y dar consuelo a todas esas mujeres que se dirigían a ella con la idea de solucionar los múltiples problemas a los que se enfrentaban cada día. Pero bajo esa máscara de “madre” protectora y “guía” espiritual femenina se escondía uno de los mejores instrumentos propagandísticos del franquismo. Una herramienta que marcó una pauta de conducta en la toma de decisiones sobre distintos asuntos de la vida pública y doméstica de las españolas de acuerdo con los principios morales y religiosos del régimen.

Como ya hicieron hace unos años en Las Cartas de la Pirenaica (Cátedra), Armand Balsebre y Rosario Fontova vuelven a bucear en un archivo epistolar para reconstruir una historia social y cultural de la España de Franco. En esta ocasión, los dos investigadores han analizado 4.000 misivas escritas entre 1950 y 1972, cotejadas con los guiones originales que se han conservado del consultorio radiofónico en distintos archivos y completadas con un análisis de la literatura, el cine y el cómic de la época para apoyar su contextualización, con el objetivo de realizar una radiografía del escenario sentimental, laboral y familiar en el que se movían las mujeres trabajadoras durante la dictadura.

María Garriga (derecha) fue la primera locutora que puso voz a Elena Francis. En la foto aparece junto a Encarna Sánchez y dos actores infantiles en una emisión de Radio Barcelona.
María Garriga (derecha) fue la primera locutora que puso voz a Elena Francis. En la foto aparece junto a Encarna Sánchez y dos actores infantiles en una emisión de Radio Barcelona.

Las cartas de Elena Francis desvela como el programa de radio perpetuaba las consignas del régimen aconsejando a las mujeres silencio, obediencia y sumisión ante los agravios y la violencia doméstica, afianzando un clima familiar de sometimiento absoluto al marido. Muchas de las misivas recuperadas narran episodios de agresiones y abusos sexuales sufridos en el hogar, pero esa realidad, tolerada, justificada y reproducida por generaciones sucesivas, aunque revela un claro desamparo legal femenino y una absoluta indefensión ante la dominación masculina, nunca llegó a radiarse.

De este modo, es posible que las «Mujeres Francis» se convirtieran en las primeras en reconocer y hablar de esa lacra durante la dictadura, aunque fuera a través de ese ámbito íntimo epistolar y siempre con la petición expresa de que sus identidades no se revelaran por miedo al marido o a las reacciones de su entorno. Pero la «maternal» y «protectora» voz que se escuchaba al otro lado de las ondas solía tener un mensaje muy claro al respecto: “estamos en esta vida para sufrir”. Y es que para Elena Francis, ser esposa y madre era el “fin natural” de toda mujer en el franquismo.

Víctor Úcar

*Reseña publicada en la sección de libros de La Aventura de la Historia, número 242.

Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo

Armand Balsebre y Rosario Fontova
Madrid, Cátedra, 2018
512 págs., 25 €

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