Isabel la Católica: obsesión por la unidad

Usurpó el trono de Castilla a la auténtica heredera, pero sus logros la legitimaron después. Explicamos las razones que motivaron su política y la de Fernando, socios firmes en su afán por unificar bajo una sola corona los tres reinos de la Península: Portugal, Castilla y Aragón

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La reina Isabel I de Castilla ocupa un lugar de primer plano en los anales de la historia de España por el protagonismo que le tocó ejercer en la formación de la doble monarquía castellano-aragonesa y del Estado moderno. Aparece como una mujer llena de virtudes morales, pero también ambiciosa y dispuesta a hacerse con el poder supremo, aunque esto suponga humillar a su sobrina Juana, que ha pasado a la historia como la Beltraneja. En último término, Isabel debió la corona de Castilla, no a sus derechos, sino a la fuerza de los que la apoyaban; ella le quitó pues el trono a la verdadera heredera, aunque después gobernó de tal manera que logró legitimar a posteriori su reinado.

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