La gran odisea del Báltico

Tras la I Guerra Mundial, sobre las ruinas de los viejos imperios europeos nacieron sus “estados sucesores”. Entre ellos, las tres Repúblicas Bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, cuya azarosa trayectoria a lo largo de la última centuria ejemplifica los avatares de los pequeños países de la Europa centro-oriental

Las Repúblicas Bálticas no forman parte del mundo eslavo, que las rodea de norte a sur. La población original de Estonia compartía las raíces uraloaltaicas de los finlandeses. Y en Letonia y Lituania se habían asentado en la Prehistoria las tribus baltas –curonios, latgalios, lituanos, semigalios, prusianos…– que se extendían hasta la desembocadura del Vístula. En el siglo XIII, este conjunto de pueblos fueron víctimas de la Drang nach Osten, la arrolladora expansión germana en la Europa del Este.

Batalla de Grunwald (1410) entre polaco-lituanos y caballeros de la Orden Teutónica (a la derecha, portando banderas blancas con la cruz negra). Entre los siglos XIII y XV, estos levantaron en gran parte del Báltico un estado feudal basado en el predominio de una aristocracia terrateniente de origen alemán. Pintura historicista realizada en 1878 por Jan Matejko.

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Julio Gil Pecharroman
Julio Gil Pecharroman
Profesor de Historia Contemporánea, UNED

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