Las necesidades militares para mantener la integridad del territorio español y la acefalia política producida tras la abdicación de la monarquía borbónica en Napoleón, obligaron a las diversas juntas provinciales a la creación de una Junta Central. El proceso no fue fácil, pues hubo que aunar los distintos pareceres en aras de la creación de un gobierno único y resolver lo que se denominó entonces el problema de “la hidra del federalismo”.
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