El crisol de Iberia: cruce de caminos

Cuando los romanos llegaron a la Península, se encontraron con un mosaico de pueblos que habían recibido y asimilado influencias exteriores por su contacto con navegantes de oriente y el norte de África. A continuación, presentamos este mundo de gran diversidad cultural

DossierEl crisol de Iberia: cruce de caminos

A finales del siglo III a.C., en vísperas de la conquista romana, la península ibérica era un mosaico de pueblos, los primeros con nombre conocido, que tenían rasgos culturales compartidos y otros específicos que los diferenciaban entre sí. Y como escribió el poeta hispanorromano Marcial –Nos Celtis genitos et ex Iberis–, se consideraban descendientes de dos grandes estirpes: los celtas y los iberos.

Exvotos antropomorfos ibéricos de bronce, Collado de los Jardines (Jaén), MAN. Foto: A. Trigo Arnal.

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Gonzalo Ruiz Zapatero
Gonzalo Ruiz Zapatero
Catedrático de Prehistoria, Universidad Complutense de Madrid

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